PALESTINA EN CRISIS. UNA TENSIÓN NO RESUELTA

INTRODUCCIÓN AL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ

El enfrentamiento entre judíos sionistas con sus vecinos árabes y, en concreto, palestinos, sirios, jordanos y egipcios emana desde la creación del Estado de Israel en mayo de 1948. El balance desde entonces han sido cuatro enfrentamientos bélicos abiertos, una tensión permanente en la zona y la esperanza del pueblo palestino de recuperar los territorios perdidos, su hogar, en definitiva.

Para entender esta disputa territorial entre ambos bandos es conveniente profundizar en, al menos, siete etapas: el mandato británico y el nacimiento de Israel (1947-1948), la Primera Guerra Árabe-israelí (1948-1949), la Guerra del Canal de Suez (1956), la Guerra de los Seis Días (1967), El Yom Kippur y los Acuerdos de Camp David (1973), la cuestión palestina, la Intifada y el proceso de paz en la zona.

En primera instancia, se centrará nuestro foco de estudio en los albores de la inauguración del Estado israelí. Con la disolución del Imperio Otomano tras las I Guerra Mundial, sus territorios son divididos en mandatos y se reparten para ser administrados directamente pro las dos potencias coloniales de la época: Gran Bretaña y Francia.

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Palestina, con una población situada en torno a los 600.000 habitantes, queda bajo la órbita británica. Dicho territorio será clave, puesto que los sionistas lo elegirán para formalizar lo que denominarán: un hogar nacional para el pueblo judío. Esta elección no es casual sino que obedece a los relatos bíblicos del Antiguo Testamento y, por tanto, dicha área es considerada por los judíos sionistas como su “patria ancestral” cuya capital sería Sion, es decir, Jerusalén.

La emigración de judíos a Palestina se inicia desde finales del siglo XIX con los pogromos ocasionados en Rusia, continua durante las primeras décadas del siglo XX, se acelera a raíz del ascenso de Hitler en enero de 1933, se incrementa durante la II Guerra Mundial y los años inmediatamente posteriores al final de la misma. Esta situación comporta que en 1947 haya unos 600.000 judíos de diferentes orígenes, siendo el ruso, el alemán y el polaco, los más significativos. Paralelamente, en este mismo año se estima una población árabe de 1.100.000 de individuos, aproximadamente.

La llegada de inmigrantes judíos a suelo palestino comienza a volverse insostenible debido a la fuerte tensión entre ambos grupos étnicos. Las causas radican en que los judíos desarrollan una potente mecanización de la agricultura que suscita la suspicacia de los árabes y, consecuentemente, los primeros inician una apropiación masiva de tierras cultivables. Consecuentemente, se desatan enfrentamientos armados violentos de forma recíproca, lo que coadyuva a que la ONU recomiende establecer una partición del territorio palestino en dos Estados soberanos e independientes: uno judío – véase israelí – y otro palestino, mientras que Jerusalén es requerido por ambas partes, bajo una autoridad internacional, la ONU.

El establecimiento del Estado judío en la zona de Palestina responde a los acuerdos internacionales de los países occidentales con los líderes sionistas, aludiendo a la persecución histórica del pueblo judío cuyo cénit fue la política de exterminio articulada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial o Shoah[1].

El panorama posbélico europeo está marcado por el pesimismo y la incertidumbre. En octubre de 1946 y dentro del contexto de la Guerra Fría, el presidente estadounidense demócrata Harry S. Truman apuesta por la división del territorio palestino en dos Estados soberanos e independientes. En febrero de 1947, su socio británico, el laborista Clement Attlee, anuncia que deja la cuestión de Palestina en manos de las Naciones Unidas, además de declarar que el fin del Mandato sobre territorio palestino se consumaría el 14 de mayo de 1948. La mayoría de países occidentales coincidían en el propósito de proporcionar un Estado al pueblo judío, para evitar una repetición del exterminio.

En estas circunstancias, las Naciones Unidas toman el testigo de la cuestión palestina. En mayo de 1947, se crea la Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina, a la par que la Liga Árabe se compromete, una vez más, con el colectivo palestino, advirtiendo de que si se violan los derechos de los palestinos, podrían atacar a las instituciones británicas y estadounidenses en la zona. En cambio, la comisión sionista está dispuesta a colaborar con el Comité de las Naciones Unidas.

En junio de 1947, la ONU envía a once delegados de diferentes países a Palestina. Una vez en suelo palestino, los árabes se niegan a recibirles, conscientes de que dichos delegados son pro-sionistas; los líderes judíos sí acuden a su encuentro. A finales de un agitado julio de 1947, llega a aguas de la ciudad portuaria de Haifa un barco ilegal con más de 4.000 inmigrantes judíos a bordo. La embarcación es detectada por las autoridades británicas, que la obligan a dar media vuelta y regresar al Viejo Continente.

Este suceso es titulado por la prensa pro-sionista como el Éxodo 47, logrando afianzar el apoyo de una parte importante de la opinión pública internacional a la materialización del Estado Judío. La Organización Sionista Mundial se decanta por el establecimiento de dos Estados en Palestina, contando con el apoyo de EE.UU. Por su parte, los árabes buscan un único Estado unitario de mayoría árabe.

Una vez se pone el proyecto sobre la mesa de la ONU, durante los meses de abril y mayo, las cinco principales potencias del mundo en aquel entonces – EE.UU., Unión Soviética, China, Gran Bretaña y Francia – se sientan a negociar. Se nombra una comisión de expertos para que analicen el tema y aporten la solución más adecuada. Tras la realización de informes de ambos bandos, los expertos avanzan planes diferentes. El de mayor peso cuenta con siete votos a favor; se basa en la partición de Palestina en dos Estados independientes, uno árabe y otro judío, mientras que la ciudad de Jerusalén queda bajo tutela internacional. Nuevamente los judíos lo aceptan, pero los árabes lo rehúsan.

La segunda vía, abanderada por tres miembros – Australia, India y Yugoslavia – y con la abstención del Reino Unido, se basa en la creación de un Estado binacional siguiendo un modelo federal; conocido como Plan Morrison. Esta alternativa es rechazada tanto por judíos como por árabes.

En septiembre de 1947 se celebra una nueva reunión de las Naciones Unidas. Las dos principales potencias mundiales, EE.UU. y la URSS, están de acuerdo con la partición de Palestina, mientras que Gran Bretaña se muestra reticente. Finalmente, la Comisión de la ONU decide someter a votación el establecimiento de dos Estados independientes en Palestina y la fijación del fin del mandato efectivo británico en la zona antes de agosto de 1948. Este plan de partición es expuesto ante la Asamblea General para ser votado por los países integrantes. Para su aprobación es necesario lograr, al menos, dos tercios del total de los votos a favor.

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La votación se realiza el 29 de noviembre de 1947 con el resultado de 33 votos a favor, entre los que figuran Estados Unidos, la Unión Soviética, países de Europa, de América, algunos africanos  – como Liberia – y también de Oceanía; 13 votos en contra, que enmarcan a países de Oriente Próximo y Asia; y 10 abstenciones, siendo la más significativa la de Gran Bretaña[2]. Si bien es cierto, que Estados Unidos se encarga de presionar a los aliados para que su línea política salga adelante.

Como es de esperar, el resultado genera diferentes reacciones entre los dos bandos opuestos. En las filas judías predomina un sentimiento de entusiasmo y alegría, puesto que regresan a su tierra cultural de origen casi 2.000 años después y pueden establecerse de forma legal en la zona, frente a la esfera árabe que se opone y está dispuesta a emplear todos los medios a su alcance para impedir el asentamiento judío en su nueva casa.

Tras la aprobación de la formación del Israel, Gran Bretaña sigue tres principios. En primera instancia, establece su retirada y fija una fecha para la conclusión de su administración en suelo palestino, el 15 de mayo de 1948. En segundo lugar, el gobierno británico afirma mantener una estricta neutralidad, lo que manifiesta que se desentendía completamente del proceso de transición del nuevo Estado. Por último, se niega a colaborar con la Comisión de las Naciones Unidas, institución subordinada a la Asamblea de las Naciones Unidas, encargada de realizar una serie de informes en materia de seguridad, política, economía, sociedad y cultural. Dicha comisión cuenta con el rechazo de la propia Gran Bretaña, así como de la esfera árabe.

El día 12 de abril de 1948, el Consejo Sionista configura dos cuerpos interconectados entre sí. El primero es un ente legislativo de carácter transitorio, formado por 73 miembros bajo el nombre de Moestzet Haam o Convención Popular. El segundo responde a la institución ejecutiva, compuesta por 13 miembros y recibe el nombre de Minhelet Haam o Ejecutivo Popular. De esta forma, el panorama político de la Convención Popular queda de la siguiente manera: catorce miembros integran el Vaad Haleumi o directiva, elegida por la población judía; once miembros del Yishuv o comunidades judías; que son representadas por la Agencia Judía y, por último, doce líderes de partidos políticos, que no han configurado los mecanismos de gobierno.

Al mes siguiente y, en concreto el día 13, el gobierno británico emite un comunicado anunciando el fin de su mandato a las 0 horas del día 15. Horas antes del día 15, Ben Gurion, jefe del gobierno provisional, proclama en la ciudad de Tel-Aviv, el establecimiento en la región de Palestina del Estado de Israel.

Ben Gurion pronuncia un discurso en el que se insta a los judíos diseminados por todo el Globo a regresar a Israel – anulando la vigencia del Libro Blanco – y que colaboren en la labor de inmigración y de desarrollo del nuevo Estado. Tanto EE.UU. como la URSS, además de otras naciones americanas y occidentales, reconocen al nuevo Estado de Israel. Finalmente el Alto Comisario británico abandona Palestina, tal como se había acordado y los Estados árabes aúnan esfuerzos contra Israel, generalizando el conflicto armado, el 15 de mayo de 1948.

En otoño de 1948, se produce un primer alto el fuego que concluye con la anexión de Palestina con las regiones de Samaria y Judea (Cisjordania), salvo la Franja de Gaza, por parte de Israel. Además ocupa la Península del Sinaí, territorio egipcio. A partir de este momento, los palestinos son desprovistos de toda señal de un Estado, pasando a ser refugiados en su propia tierra de origen y controlada por otras potencias extranjeras o bien, desplazándose a improvisados campos de refugiados en los países limítrofes.

PRIMERA GUERRA ÁRABE-ISRAELÍ

Para abordar de forma adecuada el tema de la Primera Guerra Árabe-israelí (1948-1949), es preciso tener en cuenta que hay dos guerras consecutivas en el tiempo. En primer lugar, se desata una guerra civil entre judíos y palestinos, que abarca desde noviembre de 1947 hasta la fundación del Estado judío, el día 14 de mayo del año siguiente. En segunda instancia, estalla una guerra general, es decir, hay concurso de otros países que respaldan al bando árabe, con un Estado israelí ya existente.

La guerra civil se desata en forma de desorden público en las calles, dejando multitud de heridos y muertos, como consecuencia de ataques contra las telecomunicaciones, los centros comerciales, las vías de comunicación, así como de secuestros de población israelí, entre otras cosas, con el objetivo de aislar a los asentamientos judíos más remotos. El 1 de diciembre de 1947 los árabes palestinos inician una huelga de tres días en señal de rechazo a la creación de un Estado Israelí que lo ven como un injerto extraño o un tumor a extirpar. En la primera semana del conflicto mueren más de 100 judíos[3].

Inicialmente el bando árabe presenta varios jefes militares, lo que evidencia su amplia fragmentación que se traduce en debilidad, siendo ésta bien aprovechada por los judíos. Por un lado, se encuentra el Mufti de Jerusalén, Al-Husseini, quien había colaborado con Hitler, trata de encabezar el movimiento árabe y, para ello, designa a dos jefes militares, Abdel el Kader y Hasam Salame, con el objetivo de que controlen las áreas de Judea y Ramallah, respectivamente. Por otro lado, la Liga Árabe y los países periféricos configuran el Ejército de Salvación, dirigido por los sirios Kaukazi y Shishakli. Entre las filas del ejército hebreo se contabilizan unos 3.000 hombres, dirigidos por Yigal Allon, 10.000 militares del Haganah además de miembros del Irgún, y un millar del Leji[4].

Puntualmente, los británicos intervienen como mediadores de los conflictos entre ambas comunidades para tratar de consolidar las treguas, aunque realizan concesiones a los árabes, con la mente puesta en una próxima victoria palestina que les permitiría permanecer en la zona. A inicios del año 1948, la realidad para el bando hebreo presenta unas connotaciones de gravedad, debido a que el bloque palestino logra importantes avances en la guerra, cortocircuitando las principales vías de comunicación, que enlazan Jerusalén con la costa, aislando las comunidades judías en las zonas de Galilea (al norte) y el Neguev, en la parte sur, sitiando Jerusalén con el objetivo de exponer a los judíos a la inanición. En enero de 1948, una coalición formada por la Legión Árabe de Transjordania y militares británicos, someten la región de Gush Etzion a un ataque continuo durante cuatro meses, hasta que cae definitivamente el 12 de mayo, dejando tras sí, un considerable número de víctimas civiles.

Tal como recoge Shlomo Ben Ami, los británicos llevan a cabo todo tipo de medidas, que perjudican a la comunidad judía frente a los árabes. Comienzan por el hostigamiento económico, decretando la congelación de capitales judíos que se hallan en los bancos ingleses, la obstaculización de las vías de comunicación (férreas, principalmente) y del correo postal, que deriva en atrasos y alteraciones que perjudican el funcionamiento habitual. En segunda instancia, se procede a la expropiación sistemática de material bélico judío[5]

Como respuesta a estos atentados y medidas de hostigamiento, los militares judíos, enmarcados en torno a la Haganah, organizan las milicias a partir de puestos militares regionales, con el fin de mantener bien controlado todo el territorio asignado por la ONU. Herzog señala que: “los territorios evacuados por los británicos se convirtieron automáticamente en regiones autónomas judías o árabes”[6].

En marzo de 1948, el Mandato Británico sobre Palestina, es en gran parte una ficción; el estado de guerra entre ambos bandos resultaba manifiesto. En el caso de Jerusalén, la tónica cotidiana está marcada por una relativa paz armada durante el día, pero al caer la noche se desatan violentos enfrentamientos. Destacan los combates en el barrio judío de Montefiore, ubicado en las proximidades de la Muralla, junto a la ciudad vieja, que constituye el foco más caliente de la Ciudad Santa[7].

En este contexto de guerra civil, marcado por una oleada de atentados a diario, sobresalen tres especialmente graves. En primer lugar, el ocurrido el 11 de marzo en el edificio de la Agencia Judía de la Avenida de San Jorge, debido a la explosión, de gran magnitud, del coche oficial del cónsul de Estados Unidos, conducido por un chófer árabe[8], dejando multitud de muertos.

En ese intenso mes de abril de 1948, árabes e israelíes mantienen una dura pugna por el control de Jerusalén, que se salda con el levantamiento del cerco por parte de los judíos, logrando también revertir la situación con los asentamientos judíos mencionados anteriormente. Es en este contexto de elevada tensión cuando se desarrollan las últimas semanas del Mandato británico. En los días previos a la proclamación oficial del Estado judío, la Haganah consigue levantar el cerco de ciudades como Acre, Haifa y Safed. La ONU, liderada por EE.UU. y Gran Bretaña, plantea el abandono de reparto territorial en dos Estados.

Por su parte, el bando árabe está integrado por los propios palestinos, que se articulan en torno a dos organizaciones paramilitares: la Niyada y la Fútuwa, por el aparato militar de El Mufti conocido con el nombre de Ejército de Salvación, además de los siguientes aliados: el Ejército de Transjordania, que por su proximidad geográfica a la región de Palestina lleva la iniciativa de la intervención armada; el Ejército de Egipto, que dispone del cuerpo militar más sofisticado de los países árabes; a estos dos se ha de añadir el ejército iraquí, que además de colaborar con los palestinos tenía un papel relevante en la política jordana.

Otros países circundantes como Siria y Líbano, Arabia Saudí y Yemen, tienen un rol secundario o simbólico. En total, el bando árabe cuenta en sus filas con unos 40.000 efectivos. Sin embargo, desde la óptica de M.A. Basternier, los Estados árabes combaten, en cierta medida, unos contra otros, ya que buscan asegurar su control en la zona palestina y no tanto crear un país independiente[9].

Una vez que el bando árabe invade Israel, se encuentra con una fuerte oposición. Los puntos débiles del bando judío son: la multiplicidad de frentes abiertos con líneas de comunicación donde la distinción geográfica entre ambas poblaciones, judía y palestina, es difusa y la dificultad del reparto del equipamiento militar, debido a la inicial carencia en el bando judío de armamento pesado y superioridad aérea. No obstante, este déficit cuantitativo es solventado gracias a la exquisita preparación de su Ejército, más compacto y organizado, permitiendo compensar ese déficit material.

La primera fase, de apenas un mes, se extiende desde el día 15 de mayo de 1948 – jornada posterior a la proclamación del Estado de Israel – hasta el día 11 del mes siguiente, momento de la primera tregua formalizada por las Naciones Unidas. Bernardotte busca trazar un plan de reparto de las áreas palestinas que están en juego: la región septentrional de Galilea para los judíos y la zona más meridional del desierto del Neguev, para los árabes. Además, los judíos deben abandonar las ciudades de Jerusalén y Haifa. Ambos bandos rechazan de plano las propuestas del conde; los árabes rompen la tregua, aduciendo que los judíos han violado lo establecido, al recabar pertrechos y efectivos militares.

Por su parte, los judíos reconocen haber conquistado territorios que no les corresponden según lo establecido en las Naciones Unidas, pero se escudan en el hecho de que ellos habían aceptado el Plan de Partición de las Naciones Unidas, y que el bando árabe había iniciado la guerra. Una vez que los árabes rompen la tregua, se inicia la segunda fase de la guerra, que dura poco más de una semana, comprendida entre el 9 y el 18 de julio. Los israelíes consiguen ventaja en la zona norte, obligando a retirarse a efectivos de la coalición siro-libanesa. Mientras, en el centro sigue la contienda entre el bloque judío y la Legión Árabe, con la ciudad de Jerusalén sitiada. Las fuerzas egipcias, que se habían reforzado durante la tregua, desencadenan varias batallas, mientras que los judíos consiguen articular un eje hacia el Neguev. En esta zona, los militares israelíes logran un importante avance gracias, en gran medida, a su superioridad aérea. Nuevamente, se establece una tregua por parte del Consejo de Naciones Unidas, para el día 18 de julio.

Bernadotte se implica de manera más activa para que las propuestas que se habían puesto sobre la mesa en la tregua anterior. Sin embargo, sus proyectos para la paz no salen adelante y apenas dos meses después de la declaración de la segunda tregua, el 17 de septiembre, es asesinado en Jerusalén a manos de terroristas israelíes. La acción homicida tuvo un gran impacto internacional.

El 15 de octubre de aquel virulento 1948, se reanudan las hostilidades entre israelíes y egipcios en la región de Neguev, mientras que los focos central y septentrional permanecen inactivos. En esta ocasión, los judíos inician un ataque contra el bando egipcio que les permite volver a conectar el Neguev con el resto del territorio judío y cercar a los egipcios en Faluya, obligándoles a retirarse. Entre el 22 de diciembre de 1948 y el 6 de enero del año siguiente, se abre la última y definitiva etapa de la primera guerra árabe-israelí. Las fuerzas israelíes orquestan el golpe definitivo contra los egipcios en el desierto de Neguev, además de adentrarse en la península del Sinaí. Llegan a las puertas de la localidad egipcia de El-Arish, consiguen derrotar a sus rivales y debilitarlos en posibles futuras negociaciones.

Ya a finales de la contienda, el 1 de enero de 1949, el embajador estadounidense entrega, de parte del gobierno británico, un ultimátum a Israel, por el que se advierte al gabinete israelí de que si no se retira de la península del Sinaí, el Ejército Británico tomará cartas en el asunto interviniendo a favor de Egipto y escudándose en el tratado anglo-egipcio de 1936. Israel da marcha atrás a su ataque contra El-Arish, abandonando el Sinaí y dirigiéndose hacia el desierto del Neguev para neutralizar los focos hostiles hasta el establecimiento de la tregua, de carácter definitivo, que llega cinco días más tarde.

A pesar de la aprobación de la tregua permanente, los judíos realizan un último ataque en la zona más meridional del desierto del Neguev, junto al golfo de Akaba, ya que en la resolución del Consejo de Naciones Unidas dicho territorio pertenecía a Israel, y todavía permanecían en él tropas jordanas. La operación se completa con éxito tras tomar el puerto de Eilat, en marzo de 1949. Esta acción militar se lleva a cabo en un momento diplomático especialmente propicio, pues se había firmado un armisticio con el vecino Egipto y se están entablando negociaciones con Transjordania.

Tras la retirada de las tropas israelíes del Sinaí, Egipto accede a negociar con el Estado hebreo. Las negociaciones se inician en la isla griega de Rodas, actuando como interlocutor entre ambos países el norteamericano Ralph Bunche[10], enviado por Naciones Unidas, en sustitución del asesinado Bernadotte. Ralph Bunche inicia su labor el 18 de septiembre de 1948. Al año siguiente actúa de árbitro en las negociaciones judeo-egipcias. Así, Egipto se convierte en el primer Estado árabe en negociar con Israel. Estos acuerdos de armisticio son precursores de los tratados de paz.

El primer acuerdo entre Israel y Egipto se materializa el 24 de febrero de 1949. En él se delimitan las líneas del frente militar y se acuerda que Egipto administre la Franja de Gaza, lo que deriva en que unos 100.000 palestinos se desplazaran a dicha zona. Otros aspectos que se acuerdan son la aceptación de la soberanía israelí sobre el desierto de Neguev y la fijación de la frontera entre ambos países, siguiendo la línea de demarcación. Tras este primer acuerdo histórico, otros países árabes se suman a las negociaciones con el Estado judío.

El siguiente es el Líbano, con un acuerdo de armisticio que sanciona la retirada de las tropas israelíes de dicho país, materializada el 23 de marzo de 1949. Le siguen Transjordania el 3 de abril y Siria el día 20. Para ello, Damasco debe retirar tropas de Palestina. Sin embargo, quedan países como Iraq, que se niegan a firmar un tratado de armisticio, optando por evacuar a los militares de Palestina. Respecto a Jerusalén, queda dividida en dos: una parte jordana, y otra judía.

El Consejo de las Naciones Unidas envía inspectores que comprueban la aplicación de los acuerdos, firmados por los diferentes países árabes con el gabinete israelí. Es significativo mencionar que los acuerdos de paz que están en proyecto, se prolongan durante las décadas posteriores a la situación de tensión inicial. Esto genera dos problemas inmediatos, asociados a los refugiados palestinos: acogida de palestinos en diferentes países árabes, y refugiados judíos que huyen de los diferentes países árabes para asentarse en el reciente Estado judío.

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GUERRA DEL CANAL DE SUEZ (1956)

Este conflicto bélico tiene lugar desde el 29 de octubre hasta el 6 de noviembre de dicho año. Surge a raíz de la decisión del presidente socialista egipcio Nasser en nacionalizar de la Compañía Universal del Canal Marítimo del Canal de Suez. Dicha medida no agrada a las potencias que gestionan el Canal desde 1875, Gran Bretaña y Francia, por lo que la dupla anglo-francesa se alía con Israel en aras de liberar el bloqueo del Canal, desbaratando así, los planes egipcios.

Anthony Eden, primer ministro británico, sostiene que la acción de Nasser supone un riesgo alto para el suministro de crudo oriundo del Golfo Pérsico y del comercio con Extremo Oriente y espera que Estados Unidos les apoye mientras que el país galo, además de la cuestión de la nacionalización del Canal, contempla que el país del Nilo se está excediendo al proporcionar material logístico a los independentistas argelinos y, por ello, se adhiere a la alianza británica.

Sin embargo, Eisenhower se niega a solucionar el problema por la vía violenta. Esto comporta que el binomio anglo-francés oriente su periscopio hacia el archienemigo de Egipto: Israel. Para ello, mantienen una reunión secreta en la ciudad francesa de Sèvres el 22-23 de octubre y, en base a lo acordado, el 29 de octubre de 1956, Israel invade la Península del Sinaí, llega hasta el Canal de Suez y dar carta blanca a que el binomio anglo-francés lo ocupe de nuevo.

Gran Bretaña y Francia emiten un ultimátum a Nasser, éste se niega a ceder y ambas potencias del Canal de la Mancha bombardean el 31 de octubre los aeródromos egipcios. La presión internacional de las dos superpotencias de la época: Estados Unidos y la Unión Soviética obliga a las dos potencias europeas a retirarse de suelo egipcio, so pena de intervenir a favor del país norteafricano.

Un Eisenhower contrariado propone entre el 2 y el 4 de noviembre tres resoluciones que son aprobadas por la ONU por unanimidad: el alto el fuego, la retirada de las tropas israelíes de Egipto y el envío de los Cascos Azules para cerciorarse de la retirada de tropas. No obstante, Gran Bretaña y Francia hacen caso omiso a las prerrogativas que se dictaminan desde Nueva York y, entre el 4 y el 6 de noviembre, milicias de ambos países y de los tres estamentos – Tierra, Mar y Aire – realizan incursiones hacia el Canal derrotando a las fuerzas egipcias como un castillo de naipes.

Sin embargo, la coyuntura económica por la que está atravesando Londres en estos momentos no es favorable y la falta de suministro de crudo por el bloqueo de Egipto comporta que pida ayuda a su tradicional socio norteamericano, pero éste último se niega a prestársela hasta que sus tropas salgan del país del Nilo. Ante esta disyuntiva, Gran Bretaña cede y acata el alto al fuego el 6 de noviembre. Este suceso significa un golpe bajo para la Administración Eden, que deriva en su dimisión en enero de 1957.

A partir de este momento, el Canal de Suez pasa a ser competencia de los Cascos Azules de la ONU que velarán por la gestión y vigilancia del Canal, las fronteras del Sinaí y la Franja de Gaza. Esto comporta que Egipto controle el Canal en cooperación con la ONU y se adentre en una sólida alianza diplomática con la URSS.

GUERRA DE LOS SEIS DÍAS (1967)

El tercer suceso significativo es la Guerra de los Seis Días (1967). Este hecho bélico se enmarca en un contexto del incremento de la escala de violencia en el área israelí-palestina a causa de los guerrilleros palestinos o fedayines en suelo israelí.  Las causas subyacentes residen en el problema del reparto del agua del río Jordán, los choques diplomáticos intestinos entre los diferentes regímenes árabes y la espiral ascendente armamentística en la zona, especialmente en Israel.

Para contar con una perspectiva más nítida del conflicto es preciso tener en cuenta que existía desde el año anterior, una alianza siro-egipcia a la que se adhiere Jordania en 1967, ex profeso, iniciar un nuevo enfrentamiento con el país judío. En la primavera de este agitado año 1967, los Casco Azules se retiran de Egipto y el 22 de mayo, el país del Nilo bloquea a Israel el acceso al Mar Rojo, sin posibilidad de negociación. Esto conlleva al cercenamiento de las rutas comerciales y del cese temporal del transporte marítimo con el que dispone Israel.

En este sentido, conviene destacar que esta medida coge de improvisto a Israel y el 5 de junio inicia la contraofensiva que desbarata las acciones del ejército egipcio. Una vez que Israel logra vencer con contundencia en el Sinaí, bascula con rapidez sus fuerzas hacia las fronteras siro-jordanas. El día 10 todos los países contendientes firman el alto el fuego propuesto por las Naciones Unidas. Por estas fechas, Israel se había anexionado los siguientes territorios: Gaza, la Península de Sinaí, Cisjordania, Jerusalén-Este y los Altos del Golán en los límites con Siria.

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Sin embargo, esta vez la ONU se muestra más firme, ordena en noviembre de 1967 el abandono inmediato de los territorios ocupados por las fuerzas israelíes, declara que los territorios de cada Estado han de tener garantizados su soberanía y seguridad y pone sobre la mesa la necesidad urgente de hallar una solución viable a la cuestión de los refugiados palestinos. Por último, apuntar en este tema que ninguno de los países implicados en el conflicto respetó las medidas propuestas desde Nueva York quedando éstas en un dechado de buenas intenciones.

YOM KIPPUR Y LOS ACUERDOS DE CAMP DAVID (1973-1978)

Un cuarto fenómeno coyuntural es la cuestión del Yom Kippur y su enlace con los Acuerdos de Camp David. Los pábulos que hay detrás de este fenómeno fueron que los árabes nunca aceptaron las nuevas cláusulas de las Naciones Unidas en relación al nuevo reparto de fronteras, considerándolo una humillación. Con este caldo de cultivo, el 6 de octubre de 1973, coincidiendo con la festividad judía del Yom Kippur, las tropas nilóticas cruzan el Canal de Suez, invaden la Península del Sinaí y el ejército sirio actúa de igual manera por los Altos del Golán siguiendo la planificación del ataque simultáneo en dos flancos.

Pese a que los israelíes son sorprendidos inicialmente, sus tropas logran vencer con claridad en frontera con Siria, no así con Egipto donde la línea de fuego se mantiene en la Península del Sinaí, librando una guerra de desgaste en esta zona. En este contexto relativamente favorable al país norteafricano, el presidente Sadat lleva a cabo un proceso de negociaciones de paz con el vecino Israel en las que Estados Unidos actúa como interlocutor. Esta labor mediadora deriva en los Acuerdos de Camp David de 1978 por los que se establecen dos cláusulas de importancia capital: reconocimiento del Estado de Israel por parte de Egipto, devolución de la Península del Sinaí a Egipto por parte del Estado israelí (devolución que tendrá lugar entre 1980 y 1982). En esta reunión se trata la cuestión palestina, pero conscientemente, se opta por no efectuar un análisis pormenorizado de la situación al igual que en los casos de Cisjordania y Siria, ausentes en dicho cónclave.

De esta forma, Egipto se convertía en el primer país árabe en reconocer al Estado israelí, violando el acuerdo denominado “Triple No” de las naciones árabes  por el que se prohíbe taxativamente el reconocimiento, la negociación y la firma de paz con Israel. Esta situación canaliza el aislamiento de Egipto entre las naciones árabes por considerarlo una traición de una nación hermana y, por otro lado, los países del Golfo Pérsico, principales productores y exportadores de petróleo, se decantan por castigar severamente a Occidente por su apoyo a Israel, a partir de la reducción drástica de la producción de crudo y el aumento vertiginoso del precio de éste, dando paso a un período de crisis económica en Occidente por esta escasez de suministro.

LA CUESTIÓN PALESTINA

Por último, el núcleo central de este estudio en clave geopolítica es el asunto o “problema” palestino. Esta casuística resulta ser una constante desde inicios del siglo XX y que se proyecta hasta la fecha a partir de la conciencia nacional de lucha para establecer un Estado propio soberano e independiente. Bajo esta óptica se hallan los refugiados que, en su mayoría, huyen a los países periféricos donde son estigmatizados, salvo en Jordania donde la sociedad jordana se identifica de una forma más cercana con la situación palestina, la cual, es instrumentalizada por este país para defender sus propios intereses.

En relación con las instituciones palestinas sobresale la fundación por parte de Yasser Arafat de la organización Al-Fatah en 1957. Años más tarde, en 1964, se funda en Jerusalén la Organización para la Liberación de Palestina (en adelante, OLP) que cuenta inicialmente con el respaldo de Nasser.

Ambas organizaciones discurren en paralelo y entrenan en campamentos de refugiados a contingentes armados ad hoc atacar a Israel. En 1967, en la esfera de la Guerra de los Seis Días, Arafat adquiere los mandos de la OLP con el fin de vertebrar de una forma más eficiente el movimiento palestino, desvinculándose de la tutela egipcia. La canalización se materializa con acciones violentas armadas contra Israel con el objetivo que generar un gran impacto a escala planetaria. Sin embargo, esta ligereza del estamento palestino instalado en Jordania comienza a suscitar recelos entre las autoridades del país que conduce a un enfrentamiento abierto en septiembre de 1970, también conocido como el Septiembre Negro entre el ejército jordano y el enclave palestino con victoria contundente de los primeros. Esto obliga a los palestinos a buscar un nuevo lugar de protección: el Líbano.

A principios de la década de 1970, abundarán las operaciones terroristas palestinas sobre objetivos israelíes en Europa (la más sonada quizás es la masacre de atletas israelíes en las Olimpiadas de 1972 en Múnich), comportando que Israel adopte medidas más férreas, incrementando la presión en el corredor siro-palestino-libanés con bombardeos sistemáticos a las ciudades, campos de refugiados palestinos e instalaciones de estas tres naciones. La crisis económica a causa del desabastecimiento de crudo reorienta los intereses de la opinión pública internacional, especialmente occidental, hacia Oriente Próximo. Esta coyuntura desfavorable a los intereses económicos de Occidente coadyuva a que se reconozca a la OLP como institución legítima defensora de los intereses palestinos.

En 1975, Líbano – lugar de refugio de cientos de miles de palestinos y de la OLP tras el “Septiembre Negro” – pasará a ser el escenario principal de confrontación entre Israel y las organizaciones político-militares palestinas. La Guerra del Líbano (1975-1990) enfrentará principalmente a las “falanges” cristianas libanesas (apoyadas activamente por Israel) contra las milicias palestinas. Durante el conflicto, tendrán lugar dos intervenciones del ejército israelí. La primera, en 1978, cuando ante los continuos ataques de las milicias palestinas desde el sur del país las tropas israelíes hagan retroceder a aquéllas al otro lado del río Litani (la llamada Operación Litani).

La OLP mantendrá sus posiciones en el Líbano hasta 1982, año en que se produce la segunda intervención, en la que el ejército israelí llegará hasta Beirut. Tres años más tarde, las tropas israelíes se retirarán de la Nación del Cedro dejando una “línea de seguridad” al sur con el objetivo de evitar que la OLP regrese al Líbano. Paralelamente, en estos años, la OLP presenta una acusada división interna frutos de los conflictos intestinos entre los partidarios y opositores de Arafat.

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PRIMERA INTIFADA (1987)

En 1987 se origina la Primera Intifada, concepto que alude a una revuelta palestina de carácter popular en los territorios ocupados – véase Gaza y Cisjordania –  iniciada por jóvenes e incluso niños que se enfrentan con piedras al ejército israelí.  La contundencia y la brutalidad con la que éste actúa no dejan indiferente a la opinión internacional.

Simultáneamente, la OLP reorienta su línea de actuación y empieza a negociar con su archienemigo Israel para la materialización de un Estado palestino. El gabinete conservador israelí abanderado por Isaac Shamir, declinará dicha propuesta inicialmente. Sin embargo, la fuerte presión internacional y la llegada al gobierno del Partido Laborista Israelí liderado por Isaac Rabin, llevará a Israel a sentarse en la mesa de negociaciones como queda patente en las Conferencias de Madrid y de Oslo en 1991 y 1993, respectivamente.

Precisamente, el 13 de septiembre de este año 1993, se firma en Washington un acuerdo que presenta una relevancia trascendental. En estos acuerdos las cláusulas que se recogen responden a: la firma de la paz entre ambas entidades, el reconocimiento mutuo del Estado de Israel y de la OLP y la dotación de autonomía para las regiones de Gaza y Cisjordania (en los alrededores de Jericó), avanzadilla de un futuro Estado palestino soberano e independiente.

Bajo esta perspectiva y actuando como pábulo el eslogan: “paz por territorios”, se anuncia una progresiva retirada de las fuerzas israelíes de las áreas ocupadas en beneficio de una mayor autonomía para las mismas. Tres cuartas partes de Gaza quedan ahora administradas por la Autoridad Nacional Palestina, así como parte de Cisjordania, repartida en tres tipos de áreas: Área “A” (que engloba las grandes ciudades, bajo control palestino); Área “B” (a la que pertenecen la mayoría de pueblos palestinos, que aunque obedecen a la autoridad civil palestina, cuentan con presencia militar israelí); y el Área “C” (que continúa ocupado por tropas israelíes).

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A finales de la década de 1990 estos acuerdos se verán enturbiados por la oposición de los extremistas radicales de ambos bandos que termina derivando en graves disturbios que dejan un reguero de sangre a su paso como ocurre en la masacre de la Mezquita de Hebrón en 1994 o el asesinato del Primer Ministro Laborista Isaac Rabin a manos de un judío ortodoxo al año siguiente. Hamas – Movimiento de Resistencia Islámica – ejerce la función de palanca islamista radical opuesto a los Acuerdos de Oslo y Washington, incrementará sus apoyos entre los palestinos. Por otra parte, las negociaciones del año 2000 entre el primer ministro israelí Ehud Barak y Arafat, que pretenden dotar de un estatuto definitivo a Cisjordania y Gaza, terminan fracasando: Arafat no acepta que no sea devuelta a Palestina la totalidad del Jerusalén árabe, tal y como era antes de junio de 1967.

SEGUNDA INTIFADA (2000-2005)

Ese mismo año estallará la llamada Segunda Intifada, una nueva revuelta palestina que exige el fin inmediato de la ocupación israelí de los territorios de Gaza y Cisjordania. Sin embargo, ciertos aspectos diferenciarán esta Segunda Intifada de la primera: este levantamiento contará desde el primer momento con la instigación y la participación de la Autoridad Nacional Palestina y las diferentes milicias, que aportarán armamento ligero a los rebeldes. En uno y otro lado de la frontera las posiciones se radicalizarán. Por una parte, entre los palestinos aumentará la presencia e influencia de Hamás y otros grupos islamistas que generalizan los atentados con objetivos israelíes civiles. Por otra, en Israel, tras las elecciones de 2001, llegará al ejecutivo Ariel Sharon, partidario de reprimir con dureza la insurrección palestina. Los excesos de la actuación del ejército israelí, como la expulsión de palestinos al otro lado del río Jordán o las ejecuciones extrajudiciales y la gran cantidad de víctimas colaterales de su represión (entre ellos multitud de niños) suscitará la aparición en Israel de grupos y plataformas a favor de la retirada de Cisjordania y Gaza.

En 2002 comenzará la construcción de un muro por parte de Israel (denominado por algunos de sus opositores “Muro de la Vergüenza”) que separará físicamente Cisjordania de territorio israelí. Oficialmente, el motivo de la construcción de este muro radica en evitar más atentados de grupos palestinos en suelo israelí, pero también oculta la intención de  consolidar las posiciones y asentamientos israelíes en la zona.

Con el fin de avanzar hacia la pacificación de un conflicto que ya había causado miles de muertes y retomar la senda de la negociación, es presentada a ambas partes la “Hoja de Ruta”, documento que fija una serie de pasos necesarios para el fin del conflicto.

Aunque esta guía para la negociación no satisface a ninguno de los contendientes, algunos acontecimientos a partir de 2004-2005 rebajan la intensidad de los enfrentamientos palestino-israelíes (aunque los ataques y atentados continuan), en especial las disputas internas en zona palestina entre Al-Fatah  y Hamas; la retirada unilateral del ejército israelí de la Franja de Gaza en 2005 (rechazando toda coordinación con la Autoridad Nacional Palestina); y la invasión por parte del mismo del Líbano un año después para combatir a Hezbollah.

SITUACIÓN EN LA ZONA (2006-2014)

La muerte de Arafat, fundador de Fatah y líder histórico de la OLP en 2004 agrava las disputas por el poder en zona palestina. Por un lado, el sucesor de Arafat al frente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas (también de Fatah), favorable al cese de las hostilidades con Israel. Por otro, Hamás, organización partidaria  de continuar la lucha armada. Ésta última, declarada grupo terrorista por parte de Estados Unidos y la mayoría de países europeos, terminaría por asumir el control de la Franja de Gaza en 2007.

Así, el grueso de las hostilidades entre Israel y Palestina se trasladará a la Franja de Gaza. Israel declarara “territorio hostil” a este territorio, que queda de esta manera “cercada” y bajo restricciones especiales por parte de dicho país (permitiendo únicamente la entrada de productos básicos). Desde entonces, la catástrofe humanitaria  continúa. El lanzamiento de cohetes y mortero desde la Franja de Gaza a Israel y los bombardeos israelíes sobre este territorio siguen sucediéndose, en ocasiones interrumpidos por treguas no renovadas. De gran impacto en la opinión pública internacional han sido el bombardeo israelí (Operación Plomo Fundido) de la zona entre diciembre de 2008 y enero de 2009, el incidente de la Flotilla de Gaza en mayo de 2010, la Operación Pilar Defensivo en 2012 o el reciente Conflicto entre Gaza e Israel en verano de 2014, que resultaron en más de un millar de civiles palestinos muertos.

BIBLIOGRAFÍA

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  • BASTERNIER, MIGUEL A. Israel-Palestina. La casa de la guerra, Taurus, Madrid, 2002.
  • BEN-AMI ZVI MEDIN, SHLOMO. ¿Cuál es el futuro de Israel?, Puressa, Barcelona, 2001.
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  • MARTÍNEZ CARRERAS, JOSÉ U. El mundo árabe e Israel, Istmo, Madrid, 1991.
  • SIBONY, DANIEL. Oriente Próximo: Psicoanálisis de un conflicto, Paidós, Barcelona, 2004.

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[1] Término hebreo que significa literalmente: “catástrofe”, alude al exterminio de los judíos por parte de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La primera medida que adoptaron los nazis fue la segregación civil, moral y política. Posteriormente procedieron a la expoliación económica con las reclusiones en guetos y, finalmente, tras la invasión de la URSS, Hitler optó por la “solución final” o destrucción física del pueblo judío desde enero de 1942. Ver: ARÓSTEGUI SÁNCHEZ, J., GARCÍA SEBASTIÁN, M. et alli, Historia del mundo contemporáneo, Vicens Vives, Barcelona, 2008, pág. 210.

[2] Ver: MARTÍNEZ CARRERAS, J. U. El mundo árabe e Israel, pág. 101.

[3] Ver: BEN AMI ZVI MEDIN, S. Historia del Estado de Israel, pág. 75.

[4] Acrónimo de: «Lojamei Jerut Israel» o Luchadores por la Libertad de Israel. Grupo armado sionista, fundado por Abraham Stern, que operó entre 1940-1948. Su objetivo era expulsar a los británicos de Palestina para favorecer la entrada de inmigrantes judíos de diferentes partes del mundo y consolidar el Estado judío. Se separaron del Irgún porque éstos decidieron en 1940 no atacar a los británicos en plena II Guerra Mundial. Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Leji (consultado el 12/04/2016).

[5] Ver: BEN AMI ZVI MEDIN, S. Historia del Estado de Israel, pág. 78.

[6] Ver: MARTÍNEZ CARRERAS, J.U. El mundo árabe e Israel, pág. 107.

[7] Ver: DE AZCÁRATE, P. Misión en Palestina. Nacimiento del Estado de Israel, pág.23.

[8] Ver: DE AZCÁRATE, P. Misión en Palestina. Nacimiento del Estado de Israel, pág. 24.

[9] Ver: BASTERNIER M. A. Israel-Palestina. La casa de la guerra, pág. 62.

[10] Diplomático, sociólogo y politólogo estadounidense (Detroit, 1904 – Nueva York, 1971). Ver: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bunche.htm (consultado el 17/05/2016; web sobre biografías).

CORRIENTE GEOGRÁFICA MÁS IDENTIFICATIVA A TÍTULO PERSONAL

Tras haber leído sobre las múltiples ramas epistemológicas de la disciplina de la Geografía, llego a la conclusión que me identifico con la vertiente radical o crítica de dicha disciplina. Las razones que estriban mi posicionamiento por esta preferencia se hallan en su impronta crítica a la sociedad desde el sistema capitalista, concebido desde mi cosmovisión como el principal bastión de las desigualdades sociales presentes en el planeta debido a que es un sistema que alinea a los individuos y, con frecuencia, tiende a deshumanizar a los trabajadores con dilatadas jornadas laborales a cambio de un salario precario.

Un segundo aspecto con el que coincido es la concepción de la universidad como una entidad que fabrica intelectuales para que sean productivos – véase económicamente – y acríticos con lo que ocurre a su alrededor y fuera de las fronteras del país de residencia. En España este aspecto se aprecia con una nitidez cristalina a partir de la priorización de las carreras “de ciencias”, vistas como superiores, más difíciles y más productivas debido a que los salarios son más elevados en detrimento de las “de letras”, percibidas como más simples, excesivamente teóricas, peor remuneradas y que presentan pocas salidas de cara al mercado laboral. Pienso que detrás de esta lógica subyace un espíritu de excesivo utilitarismo cuyo fin último es alinear a las personas para que destinen todo su esfuerzo físico-mental en producir todo tipo de bienes de consumo, tratando de convertir a la educación en uno más.

Una tercera cláusula que secundo es su iniciativa por romper una lanza a favor de la transformación de la sociedad a través del conocimiento. La escuela tiene un importante concurso en esta labor puesto que trabaja con la diversidad social, las experiencias múltiples, la participación en las aulas y la selección de contenidos, metodologías y conductas beneficiosas. Por tanto, tiene la responsabilidad de formar una ciudadanía activa y crítica en aras de transformar el mundo en un lugar más habitable que el dejado por generaciones pretéritas.

Una cuarta vicisitud que comparto y que despierta mi atención son sus objetos de estudio: la introducción de intereses problemáticos relevantes en la actualidad y la labor educativa para la democracia. En este sentido, se presta a la ciencia, al espacio y a la sociedad como entidades que carecen de neutralidad, lo cual es cierto porque dichas variables desempeñan unos intereses para uno o varios actores internacionales, pudiendo desencadenar en algunos casos, conflictos bélicos a escala regional que pueden tener o no repercusiones en todo el Globo.

Por último, trata de buscar soluciones a problemas que están sobre la mesa desde finales del siglo pasado como la superpoblación (especialmente en países de vías de desarrollo), la sobreexplotación de los recursos naturales a partir de las tres grandes revoluciones: Neolítico (hace unos 12.000 años), la I Revolución Industrial (segunda mitad del siglo XVIII) y la II Revolución Industrial (último tercio del siglo XIX), el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente que produciendo el efecto invernadero y el consecuente calentamiento global y los conflictos políticos internacionales en los que la geo-política, en clave estratégica, juegan un papel esencial para el control de rutas, recursos y ventajas económicas y políticas.

Álvaro Ferreiro Méndez

COMENTARIO ACERCA DE LOS USOS DEL SUELO DEL BARRIO HABITUAL DE RESIDENCIA

plano barrio

Plano del barrio Paseo de Extremadura, Madrid.

 

LEYENDA DENSIDAD DE POBLACIÓN ALTA

(MARRÓN)

DENSIDAD DE POBLACIÓN MEDIA

(NARANJA)

EDIFICIOS INSTITUCIONALES

(AZUL)

GRANDES ÁREAS COMERCIALES

(ROJO)

ZONAS VERDES

(VERDE)

plano zonal

Plano del barrio Paseo de Extremadura, diferenciado por zonas.

 

EMPLAZAMIENTO GEOGRÁFICO Y BREVE INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

Para la realización de esta actividad he optado por elegir mi zona de residencia habitual que comprende, básicamente, el triángulo que comprende las estaciones de metro de: Alto de Extremadura (L6), Puerta del Ángel (L6), Lago (L10) y Príncipe Pío (L6, L10, Estación de autobuses y Renfe) que da nombre al barrio: Paseo de Extremadura; en el distrito La Latina. En esta área se puede observar una diversificación espacial al detectarse los diferentes usos del suelo. Es una zona de la ciudad de Madrid donde es usual encontrarse con bloques de cinco plantas de pisos (de media) siguiendo el modelo de vivienda de familia nuclear. Esta función residencial es la que ocupa la mayor parte de la superficie del barrio respondiendo al perfil altamente urbanizado de las grandes urbes españolas.

El medio natural del barrio se halla a unos 550-600 metros sobre el nivel del mar, debido a que la ciudad de Madrid, se extiende en el marco geográfico de la Submeseta Sur, insertada a su vez, en la  Meseta del Sistema Central. A inicios de la Edad Moderna, esta zona de Madrid ya figuraba en las fuentes escritas de la época como una zona de extramuros en la que existía una notoria presencia de huertas. Éstas se incorporaron a la ciudad al ser adquiridas por Alonso Muriel[1] en 1584. Con el paso de las décadas, esta área se empezó a poblar con trabajadores que se dedicaban a la artesanía en sus múltiples variantes. A caballo entre los siglos XVIII-XIX, se van construyendo viviendas en torno al Paseo de Extremadura – la arteria principal – para las familias obreras y se funda el Asilo de Santa Cristina en 1892.

A inicios del siglo pasado, la zona experimentó un rápido crecimiento debido a la llegada de población inmigrante originaria de las regiones de Castilla la Vieja (Ávila, Segovia, Valladolid y Zamora, fundamentalmente), Castilla la Nueva (Guadalajara, Toledo y Cuenca), Extremadura, Galicia y Asturias. Este crecimiento comportó que se construyese una gran cantidad de viviendas para estos obreros que acudían a diario al centro de la ciudad a trabajar. Dentro del marco de la Guerra Civil Española, destacar que algunos edificios como el Castillo de Bofarull[2] y algunas viviendas de carácter histórico se perdieron para siempre. La desaparición de estas construcciones tuvo lugar en la fase de la contienda bélica correspondiente a la Defensa de Madrid y, en concreto, en el destacamento del Frente de Usera.  Terminada la guerra, se vertebra el Plan General de 1946 en el que se acuña el Plan de Ordenación Urbana de 1952, afianzando así, los cimientos del posterior desarrollo del barrio. Prueba de ello, es el diseño y materialización de la Avenida de Portugal – inexistente hasta entonces – y que discurre en paralelo al Paseo de Extremadura. Para ello, se detrajo la superficie de la Casa Campo ad hoc liberar del intenso tráfico al Paseo de Extremadura.

A inicios del siglo XX, como parte del proyecto de obras faraónicas durante la alcaldía de Alberto Ruiz Gallardón, se llevó a cabo un plan de remodelación de la Avenida de Portugal en la que se soterró gran parte de la misma para formar parte del circuito de la M-30, reduciendo notablemente el tráfico en superficie, que es concurrida  – generalmente – por vehículos de los residentes y es semipeatonal en la mayoría de la extensión de la misma.

VÍAS DE COMUNICACIÓN

Un segundo uso del uso son las vías de comunicación. El barrio se organiza en torno a una avenida principal que se denomina Paseo de Extremadura. Por este hilo rojo conductor discurren seis líneas de autobuses de la EMT (31, 33, 36, 39, 65 y 138), lo que nos habla del elevado tránsito de vehículos y circulación de personas que se mueven por este espacio a diario, pese a que la Avenida de Portugal actúe de refrigerio del intenso tráfico. Es habitual que esta avenida sea un por el que se adentren vehículos privados con trabajadores residentes en las localidades periféricas a la capital que conforman el área metropolitana, en su mayoría de San José de Valderas, Alcorcón y Móstoles.

Esta arteria empieza junto al río Manzanares, conectando con el Paseo de la Virgen del Puerto, cerca de la M-30, la principal vía de circunvalación de la capital que constituye el mayor anillo de canalización del tráfico debido al incremento anual del volumen de vehículos y de la Calle Segovia. Se prolonga hasta enlazar con la autovía A-5, también conocida como la Carretera de Extremadura. Es el principal vector de comunicación de la zona y como tal, es ancho con tres carriles en ambos sentidos, admite el estacionamiento público y gratuito de vehículos en los tramos con menos circulación y se halla con una semaforización, señalización e iluminación adecuadas.

ESPACIOS COMERCIALES

En tercer lugar, destacan los espacios comerciales. El Paseo de Extremadura cuenta con multitud de locales destinados al pequeño comercio dedicado a actividades diversas: tiendas de alimentación, farmacias, entidades bancarias, puestos de lotería, concesionarios, librerías, bares, restaurantes, tiendas de ropa, locales de venta de productos informáticos y ofimáticos, zapaterías, etc. Las calles aledañas cuentan también con este tipo de comercios así como la presencia de talleres de tiendas de alimentación regentadas por población foránea –  origen asiático e iberoamericano, principalmente – reparación de vehículos, talleres de ebanistería, talleres de soldadura, etc. Este tipo de vías presentan un perfil de calles de doble sentido, de un único sentido o calles cortadas en base a su mayor o menor anchura. La velocidad permitida suelen ser baja, no superior a 40 kilómetros por hora en aras de facilitar una mayor movilidad a los peatones y minimizar el riesgo de accidentes.

Como grandes centros de concentración de pequeños comercios destacan los mercados de: Paseo de los Jesuitas, Alto Extremadura y Tirso de Molina (éste último inaugurado en 1932 para abastecer a toda la zona), cuyos locales se destinan a la venta de productos de primera necesidad. Sin embargo, el foco de absorción comercial y es altamente concurrido, especialmente los fines de semana es el Centro Comercial Príncipe Pío, que además de contar con alguna tienda de alimentación, alberga una gran cantidad de locales de ventas de ropa y calzado de firmas internacionales regentadas por las empresas multinacionales y dispone de salas de cine en la última planta, la tercera.

ZONAS VERDES Y ÁREAS HIDROGRÁFICAS

En cuarta instancia, se puede observar amplias zonas verdes destinadas al deporte y, en general, al ocio. Todos son espacios públicos. Esta categoría se bifurca en: medio natural y medio construido. Dentro del primer tipo, sobresale la Casa de Campo en su zona suroccidental, constituyendo el pulmón más emblemático de la capital madrileña. Respecto al segundo modelo, más predominante en número de lugares, no así en superficie que el anterior, destacan cuatro espacios verdes principales. El primero de ellos es el área circundante al recinto ferial Madrid Arena, insertado en las inmediaciones de la Casa de Campo. Un segundo espacio donde predomina la vegetación arbustiva es el Parque Caramuel, comúnmente denominado Parque de los Pinos, en alusión a la notable presencia del árbol homónimo en el pasado, situado en la calle que lleva su nombre. Es una zona donde es convencional la práctica de deportes como fútbol, baloncesto, voleibol y patinaje, así como la disposición de espacios de recreo para los más pequeños con la presencia de columpios y toboganes. Se encuentra a unos 400 metros de la estación de metro de Puerta del Ángel.

Un tercer parque se halla en las inmediaciones de la Estación de Príncipe Pío es el célebre Parque del Moro, recinto habitual para la realización de paseos en un ambiente distendido y donde los aficionados al running acuden con asiduidad a ponerse en forma. Junto a este célebre parque, se halla, por último, el Parque de Atenas, recinto que dispone de una pista deportiva al aire libre donde la práctica de fútbol y baloncesto es habitual, dos parques infantiles y amplias zonas verdes para descansar y tomar el sol en los meses estivales.

Estos parques se hallas adscritos a los entornos verdes del marco urbano. Existe un segundo tipo de áreas verdes de corte local que se encuentran en la calle Domingo de Zaizita como es la Plaza de Mariano Lanuza donde se observa la presencia de jardines individuales y espacios arbustivos junto a la fachada principal de las viviendas. En este sentido conviene tener en cuenta que la OMS establece un mínimo de 20 m2 por cada habitante en las áreas urbanas. Como áreas hidrográficas señalar dos principales. La primera es el río Manzanares a su paso próximo por las estaciones de Príncipe Pío y Puerta del Ángel y, en un segundo plano, el lago artificial de la Casa de Campo, a unos 200 metros de la estación de metro Lago.

EQUIPAMIENTO URBANO

Entendido como el elenco de espacios de instalaciones cubiertas y/o al aire libre, fijas o móviles, con jerarquía interna propia y grados de complejidad, cedidos por el Estado para satisfacer las múltiples necesidades de una comunidad. Dentro de las áreas de equipamiento, se clasificarán en base a la función que desempeñan.

Aludiendo a un primer tipo, el educativo, conviene destacar la presencia de diez centros educativos: cuatro públicos – IES Eijo y Garay, Colegio Francisco de Goya, Colegio María Cristina, Colegio Ermita del Santo – y cinco concertados: Colegio Divino Maestro, Colegio San Miguel Arcángel, Colegio de los Sagrados Corazones, Colegio Cristo Rey y Colegio Santa Cristina, así como los centros de Formación Profesional como la Escuela Superior de Hostelería y Turismo y el Centro de Formación Profesional Blas de Otero. Esta notable presencia de centros educativos en un área de unos 2 kilómetros cuadrados nos permite constatar la fuerte presencia de población juvenil de más de veinte nacionalidades en la zona.

Centrando nuestra atención en un segundo arquetipo, las instituciones sanitarias, sobresalen el Centro de Especialidades Médicas Avenida de Portugal (ambulatorio), Centro de Salud Puerta del Ángel, Centro de Salud Mental Cerro Bermejo y el Centro de Salud Caramuel.  El hospital más cercano es el Hospital Clínico San Carlos y la Fundación Jiménez Díaz, ambos ubicados en Moncloa. Respecto a los edificios religiosos destacan: la Parroquia de Santa justa y Rufina, la Parroquia de San Juan Bosco y la Iglesia de Santa Cristina (siglo XVIII; anteriormente Ermita del Santo Ángel de la Guarda[3]). Como espacios recreativos destacan los Centro Comerciales de Príncipe Pío y la Ermita del Santo y, por último, en la esfera deportiva destaca el campo de fútbol de equipo C.D. Goya, situado en la calle Caramuel 100, a unos 800 metros de la estación de metro Puerta del Ángel (L6).

En colación al área industrial, es preciso apuntar que no existe un área en el barrio como tal, debido a que la industria madrileña ha basculado hacia las localidades periféricas de la capital dando paso al fenómeno de deslocalización industrial como Alcorcón, Móstoles, Leganés, Fuenlabrada, Getafe, Navalcarnero, Parla, Torrejón de Ardoz, etc. que configuran el área metropolitana de Madrid. Los únicos vestigios que pueden evocar someramente al pasado industrial son los talleres de ebanistería, carpinterías y tiendas de fabricación de muebles a medida.

 

[1] Secretario de Cámara de Felipe III. Ver: http://www.madrid.org/bvirtual/BVCM001580.pdf (consultado el 14/05/2016).

[2] Obra que realizó Josep Puig i Cadafalch para el político Manuel de Bofarull en la provincia de Madrid en el año 1910. Ver: http://www.temporae.es/wp-content/uploads/2012/06/Latina.-Madrid-Hist%C3%B3rico-mayo-junio.pdf (consultado el 14/05/2016).

[3] Templo situado en la orilla izquierda del río Manzanares en las proximidades de la actual Iglesia de Santa Cristina, sita en el Paseo de Extremadura. Es conocida gracias a los planos elaborados por el arquitecto Teixeira. Dicha ermita fue inaugurada en 1605 auspiciada por los cofrades de la Casa de Campo. La imagen emblemática es un ángel que se hallaba en la Puerta de Guadalajara. Su festividad era el 1 de marzo. Ver: http://cibercom.es/barrio-de-puerta-del-angel-en-latina-una-historia-con-nombres-propios/ (consultado el 15/05/2016).

Álvaro Ferreiro Méndez

COMPARACIÓN DEL ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO (IDH) ENTRE DOS PAÍSES

 

De cara a la realización de la presente actividad, he escogido dos países extremos para comparar su Índice de Desarrollo Humano – en adelante IDH – y tener una visión más nítida y global de la realidad que nos circunda. He creído conveniente escoger un país – Noruega – del continente más avanzado económicamente, Europa y uno del continente más subdesarrollado desde la perspectiva económica, África. El Estado por el que me he decantado para esta segunda categoría se corresponde con Malawi. Este indicador de desarrollo humano es elaborado por las Naciones Unidas anualmente. Resulta sumamente revelador porque más allá de la coyuntura económica, arroja luz sobre la salud (elevada y saludable esperanza de vida), la educación (cualificación) y el ingreso medio de sus ciudadanos (nivel de vida digno).

Aludiendo al país escandinavo cabe destacar que su IDH en 2014 se haya en el 0,944, el más alto del planeta. Esto pone de relieve que en Noruega, la esperanza de vida se sitúe en los 82,20 años, su tasa de mortalidad se halle en el 7,90‰ y su renta per cápita alcance la cota de los 67.600 euros.

Esta situación resulta paradójica teniendo en cuenta que sólo cincuenta años atrás, el país de los fiordos se hallaba entre los países más pobres del Viejo Continente. Entonces, inmediatamente surge el primer interrogante: ¿Qué ha ocurrido para revertir radicalmente la situación y que sea por séptimo año consecutivo – desde 2008 –, cabeza de playa en este aspecto?. Las causas se sintetizan en tres variables: políticas sociales de inclusión y transparencia, la gestión eficiente de los recursos y la especial atención a los desafíos ambientales. A continuación se procederá a desengranar cada una de ellas.

En colación a las políticas sociales de inclusión y transparencia apuntar que la inclusión constituye una cuestión prioritaria en su hoja de ruta hacia el progreso. Por ello, se ha dotado a los dos bastiones principales de todo país la sanidad y educación públicas de una importancia fundamental, siendo ambas gratuitas para el conjunto de la ciudadanía. A posteriori se ha puesto de relieve un notable incremento del crecimiento de la riqueza y un reparto más equitativo el segundo del planeta de la misma.

En esta misma línea, se fomenta la igualdad de oportunidades entre sexos, debido a que se lleva detectando desde hace unos años que dicha medida resulta ser una correa de transmisión sumamente beneficiosa para el conjunto de un país. Esta idea se materializa en la práctica en dos aspectos. El primero alude a que el concurso femenino en la vida laboral es un 20% superior a la media de la zona UE y, el segundo, a que existe una ley que sanciona que el 40% de los parlamentarios y dirigentes en empresas han de ser mujeres.

Dentro de este punto, en relación a la transparencia, destacar que Noruega también goza de muy buena salud en este aspecto. Los asuntos de gobierno han de ser accesibles al conjunto de la sociedad, coadyuvando así, a que las instituciones dispongan de un sólido y eficiente control democrático. La consecuencia inmediata de ello es que exista una confianza y optimismo generales que abren ampliamente la puerta a las inversiones extranjeras.

Una segunda medida es la gestión eficiente de los recursos. Desde Oslo, se apuesta por el largoplacismo, apostando por un comercio sostenible que satisfaga a los inversores. Esta realidad se constata en que Noruega es el sexto país exportador de crudo y el segundo país exportador de gas, sólo por detrás de Rusia. En este punto, muchos apuntarán al oro negro como el trampolín del crecimiento económico del país. Sin embargo, muchos países cuentan con una abundante cantidad de recursos naturales y, paradójicamente, sufren unos altos índices de pobreza económica y desestabilidad política. En este sentido, nombrar el célebre síndrome holandés, que responde a la etapa en la que un país descubre una importante fuente de recursos naturales que provoca la expansión y dinamismo de este sector energético, generando a su vez un desajuste repentino de la economía nacional como fruto de la desindustrialización.

Conscientes de que ambas fuentes de energía no son renovables, se ha vertebrado un fondo público destinado a los excedentes derivados de los ingresos obtenidos de la exportación de estos recursos energéticos. Esta hucha o colchón de garantías persigue asegurar la economía y, el consecuente bienestar de las futuras generaciones.

Por último, el tercer pábulo hace mención a la especial atención a los desafíos medioambientales. Desde hace varios decenios atrás, se evidencia un compromiso contra el cambio climático, desarrollando e impulsando estrategias que desciendan las emisiones de gases contaminantes y protegiendo la flora y fauna del Planeta Azul, especialmente las áreas tropicales y los casquetes polares. Este compromiso aparece retratado en la inscripción en la Internacional de Climas y Bosques, apoyando a una serie de países afectados por la deforestación entre los que figura Brasil, donde se ha conseguido frenar en un 70% la destrucción de bosques desde 2010 y en  la firme decisión de reducir en un 30% la cantidad de gases que aceleran el efecto invernadero para el año 2020.

Respecto a Malawi, señalar que su IDH se hallaba con 0,445 puntos en el año 2014, lo que supone una ligera mejora respecto al año anterior que se situaba con 0,414. Sin embargo, continúa estando por debajo de la media regional, situada en los 0,502 puntos. Si se elabora una lista ordenando los países por IDH, este país africano ocupa el puesto 173. Este posicionamiento responde a que presenta una esperanza de vida situada en los 55,31 años, una tasa de mortalidad del 8,38‰ y una renta per cápita equivalente a 182 euros. Se trata de un país densamente poblado y en las antípodas del desarrollo económico a diferencia de Noruega.

Bajo esta perspectiva, se desentrañarán los motivos que explican dicha situación. En primer lugar, la economía de Malawi es fundamentalmente agrícola – constituye un tercio del PIB nacional y el 90% del volumen de las exportaciones – tal como se visibiliza con el 80% de la población residente en las zonas rurales. El tabaco es el principal producto de exportación.

Por tanto, su fuerza económica es débil y depende de los préstamos que otorgan los países del FMI, el Banco Mundial y aquellos países que los efectúan a título individual. En 2006, por decisión de FMI y del Banco Mundial, se adhirió al bloque de los países de la denominada Iniciativa Reforzada para la Reducción de la Deuda de los Países Pobres Muy Endeudados (PPME, con las siglas en inglés).

Desde entonces, ha sufrido una severa contracción de cambio de divisas, que ha mermado en gran manera a su capacidad para hacer frente a las deudas contraídas por las importaciones, a lo que se unen la caída de la inversión y la escasez de agua, de infraestructuras y de combustible que cortocircuita un desarrollo en el transporte y en la esfera productiva. El gobierno, presidido por Joyce Banda, aprobó un Plan de Desarrollo reducción de la inflación – del 11 % al 5,9 % – para 2016, sanear en la medida de lo posible las arcas públicas ingresando un 28,7 % más e incrementar en un 27,8% el gasto público en los tres sectores económicos, especialmente en agricultura, ganadería, minería, industria y turismo. Este paquete de reformas ha sido bautizado como la II Estrategia de Crecimiento y Desarrollo de Malawi.

En la arena política, el Parlamento aprobó en 1994 una nueva Constitución, inspirada en la de los Estados Unidos. En ella, se reducen los amplios poderes con los que contaba el Presidente hasta la fecha, se apuesta por un modelo pluripartidista, dejando al poder judicial que actúe de forma autónoma y se contempla la pena de muerte.

La pirámide del Poder Ejecutivo está iniciada por el Presidente que aglutina la Jefatura del Estado, así como la figura del Presidente, del Vicepresidente y un gabinete compuesto por los diferentes ministros. En segunda instancia, el Poder Legislativo está compuesto por una Asamblea Unicameral de 193 miembros elegidos cada cinco años y, por último el Poder Judicial, se inspira en el modelo británico: un Tribunal Constitucional, un Tribunal Supremo, un Tribunal Supremo de Apelaciones y una Corte de Magistrados.

A pesar de su inspiración en los modelos de gobierno anglosajón, la democracia de Malawi es sumamente frágil y endeble. En 2010, se produjo una crisis de gobierno que comportó en la salida de la Presidenta Joyce Banda y del Vicepresidente Khumbo Kachi, ambos del Partido Democrático Progresista o Mutharika. En mayo de 2014, se celebran elecciones generales en las que venció Peter Mutharika, miembro del partido opositor.

Por último, en colación a los Derechos Humanos, Malawi ha ratificado los siguientes acuerdos: el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención contra la Tortura, Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre los Derechos de las personas con discapacidad, el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y culturales, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía.

Una vez expuesta la situación de ambos países y constatar la diferencia diametral entre ambos, se puede afirmar la urgente necesidad de que los países más desarrollados económicamente, ayuden a reflotar las economías de esta serie de países que no se hayan en las esfera euro-norteamericana. Sé que suena utópico e idealista pero creo firmemente que, pese a que el daño moral a lo largo de siglos – especialmente desde el siglo XVI – como consecuencia de la esclavitud, el desarraigo familiar de millones de individuos, el imperialismo colonial (actualmente económico), la explotación y el expolio de recursos naturales y la imposición de sistemas forzosos de trabajo, religión y de costumbres a sangre y fuego es irreparable con dinero, es necesaria la colaboración porque, en definitiva, a pesar de que ellos tienen una deuda económica con nuestros países de origen, la nuestra es aún mayor y, probablemente, nunca se pagará.

Álvaro Ferreiro Méndez

COMENTARIO DE LAS DOS LECTURAS

Tras haber leído dos del elenco de obras propuestas en la sección de Geografía, me he decantado por elegir: el extracto de Braudel: El Mediterráneo y su mundo de la revista El Correo y el ensayo de Paz Benito: Planteamientos críticos y alternativos en Geografía. A continuación, se procederá a la elaboración de una actividad asociada a un comentario crítico.

En colación a la lectura de Braudel, es importante entender la importancia milenaria del Mediterráneo como escenario organizador de sucesivas civilizaciones en la Edad Antigua gracias a que su privilegiada ubicación, comporta que sus aguas bañen tres continentes. Esta realidad geográfica posibilitó que se fuesen entretejiendo paulatinamente, los mimbres que constituirían con el tiempo la esencia de lo que sería el mundo moderno. Ejemplos de esta realidad son el binomio: cultura greco-latina y la tradición cristiana, pábulos de Europa y, por extensión, de Occidente.

No obstante, a pesar de ser cuna de varias civilizaciones, existen rasgos en común que perviven en la actualidad. Entre ellos, figuran el acusado dinamismo social en los que nociones como identidad nacional cobran carta de naturaleza, el contraste entre mundo avanzado y mundo atrasado fruto de las desigualdades económicas en dos niveles: intercontinental y regional, la prolífica y floreciente literatura, el consumo de productos derivados de la clásica Triada Mediterránea – trigo, olivo y vid–, la interacción continua intercultural apreciable en la importación de productos de origen foráneo y que forman parte de los cultivos de la Cuenca del Mare Nostrum como el tomate, el eucalipto rojo, la patata y el tabaco gracias a su clima similar a ambas orillas.

Atendiendo a la casuística geológica destaca su significativo contraste entre la accidentalidad europea, visibilizada en las fosas marinas, los millares de islas e islotes que salpican el Mediterráneo, las cordilleras continentales europeas próximas a la costa y la cuasi uniformidad en la ribera del norte de África donde se funden dos superficies relativamente planas: el mar y el desierto.

Siguiendo las variables económicas, conviene apuntar que el establecimiento de una densa red de rutas comerciales que dio luz verde al intercambio de productos con el norte de Europa, África y Asia Central a través de las rutas caravaneras que provenían desde Arabia. A la luz de la Historia, se observa como estas rutas canalizaron la expansión más allá de la propia masa de agua salada como se refleja en los hallazgos de territorios extra-mediterráneos de mano de figuras de este contexto como Marco Polo y su estancia en China, la circunnavegación del Cabo Buena Esperanza por Bartolomé Días o el descubrimiento de un Nuevo Continente por parte del genovés Cristóbal Colón en el período tardomedieval.

En los albores de la Edad Moderna, es Italia, la heredera principal de ese acervo cultural greco-latino y la encargada de exportar el conocimiento y las innovaciones que distorsionarían la cosmovisión teocéntrica medieval en beneficio de la antropocéntrica, vertebrada en torno al Renacimiento. El punto de arranque de esta nueva etapa artística, social, política y cultural se halla en Florencia y, en el siglo XVII, será el Barroco con la Ciudad de las Siete Colinas a la cabeza, la encargada que extender este saber técnico-cultural que inundaría vastas áreas de la Europa, incluía la región septentrional del Viejo Continente de corte protestante.

Sin embargo, es precisamente en el siglo XVII cuando la hegemonía del Mediterráneo se traslada al Atlántico debido a la basculación de los intereses de dos potencias marinas y comerciales de la época: Inglaterra y las Provincias Unidas dejando en un segundo plano al Mare Nostrum como salvoconducto de rutas hacia las colonias asiáticas desde 1640. La centuria dieciochesca evidenció aún más la pérdida de esplendor comercial mediterráneo con el auge del capitalismo, de la industrialización, de la ciencia y de las dos principales corrientes filosóficas coetáneas: racionalismo y empirismo, focalizadas en la Europa Central y la Europa Atlántica.

Por otra parte y, abordando el tema desde la perspectiva étnico-cultural, el Mediterráneo goza de tres principales comunidades culturales con sus respectivos modus vivendi. En primer lugar, mencionar a Occidente como primera entidad étnica, cimentada en los principios cristianos, o más bien, católicos hasta la Reforma Protestante a inicios de la Edad Moderna. Ambas visiones cristianas se expandieron al otro lado del Atlántico. La segunda esfera se corresponde con el área islámica, que se extiende desde el Marruecos actual hacia más allá del Índico cuya expansión se inició a mediados del siglo VII. Por último, la tercera zona responde al marco greco-ortodoxo que se extendió por los países bañados por el Mar Negro y los Balcanes. Resulta llamativo como estas tres civilizaciones han sobrevivido al paso del tiempo superando múltiples circunstancias adversas gracias a su impronta dinámica y adaptativa a las circunstancias adversas sin caer, por tanto, en un posicionamiento estático e inmóvil.

Sin embargo, a pesar de esa naturaleza cambiante estas tres comunidades conservan aspectos tradicionales ligados con el contexto familiar y las costumbres cotidianas que se han conservado durante siglos. En el caso de la Europa meridional se detecta una realidad a medio camino entre los países más atrasados y los más avanzados, tendencia que cambió desde la década de los sesenta. Esta situación contrasta con el pasado floreciente bajomedieval y renacentista en que el sur de Europa y, en especial, la Monarquía Hispánica y la mitad-norte de Italia se hallaban a la vanguardia del Viejo Continente durante este período.

No será hasta la centuria decimonónica en la que las tres penínsulas del sur de Europa – Ibérica, Itálica y Balcánica – experimentarán un desarrollo industrial a diferentes velocidades y ritmos en las que no faltaron revoluciones, golpes militares y sistemas de gobierno despóticos en los que el clientelismo era la tónica dominante. Esta vicisitud explica las diferencias entre el centro-norte de Europa donde triunfó la política liberal frente al sur del continente donde existía una resistencia feroz al pluralismo político, no había lugar para la tolerancia y, por ello el fracaso inicial, fruto de la inestabilidad política que se mantendrá durante la primera mitad del siglo XX.

Esta liquidez de los gobiernos de las débiles democracias del sur de Europa abrió la puerta a la aparición de regímenes fascistas, considerados por muchos intelectuales, como un invento mediterráneo que cumplían la función de culto al líder, apoyo al militarismo, represión de revueltas populares y la instauración de la paz, aunque custodiada por el sistema de partido único. Tras al II Guerra Mundial, población proveniente de los denominados PIGS, emigra hacia el centro y norte de Europa en busca de mejores salarios que les permitan reportan parte de éstos a sus países de origen, las denominadas remesas.

En las décadas posteriores, se fraguó una fuente cuasi inagotable de ingresos: el turismo. Los beneficios que reportaba no quedarían sólo para los sectores más opulentos, sino que se extendería a personas de diversa condición. Este incremento de los ingresos posibilitó articular una industria asociada a la construcción que supuso la apertura de numerosos talleres de reparación, infraestructuras viarias, aeropuertos, así como de la creación de empleos temporales para los meses estivales. Por último, señalar que la entrada en el Mercado Común Europeo a inicios de los ‘80s suscitó un notorio optimismo entre los países meridionales de Europa debido a que anteriormente, se les imposibilitó el acceso por sus regímenes dictatoriales.

Basculando nuestro objeto de estudio a la UNESCO y la cooperación en el Mediterráneo conviene mencionar una serie de aspectos. El primero se corresponde con la reunión en Beirut en 1948 en la que se aprueba un plan de estudio en las zonas áridas bañadas por el Mediterráneo. Tres años más tarde en Ankara, tiene lugar la I Conferencia sobre Hidrología en las Zonas Áridas. En 1963 la UNESCO publica junto con la ONU y la FAO, el mapa bioclimático de la zona mediterránea al que siguió el de vegetación seis años más tarde. En el ámbito cultural, la UNESCO ha participado en la reconstrucción de algunas antiguas ciudades mediterráneas como Kastoría (Grecia), Palermo (Italia), Cartago (Túnez), Tiro (Líbano), la Casba de Argel, en la fundación de museos en Egipto como el de Asuán y en la ciudad cairota y en la preservación y el desarrollo de casco históricos como los de Fez, Atenas, Malta y Estambul, entre otras.

En palabras de Paolo Apolito, el Mediterráneo es una región que, a diferencia del pasado imperial romano, está en búsqueda permanente de su identidad. A caballo entre las décadas de los 60-70s se puso un modelo cuasi utópico de identidad mediterránea debido al contraste entre ambas orillas: desarrollo-subdesarrollo. Existe una tensión entre centros de referencia y las periferias, debido a que éstas, buscan su propia identidad adoptando en frecuentes ocasiones, un perfil propio del globalismo.

Sin embargo esta dinámica no siempre ha sido así. Durante decenios la corriente dominante fue la antropología positivista, la cual, presentaba un corte de determinismo racista debido a su paradigma de superioridad de los pueblos anglosajones y germánicos sobre los latinos, incapaces de superar su atraso y sobre el resto de naciones y pueblos. No obstante, hay un país que resulta ser la excepción de la norma: es el caso de Japón.  El país nipón demuestra una vez más que la Historia no es cerrada y, por tanto, inconclusa aunque convienen matizar que se trata de un contexto diferente que no obedece a las vicisitudes existentes en el Mare Nostrum. En el caso del archipiélago japonés existe una congelación económica y una inestabilidad política significativa, pero cuenta con una serie de países periféricos que pertenecen a la misma civilización frente al teatro mediterráneo donde están instaladas las tres civilizaciones citadas anteriormente.

Entroncando con los estudios del historiador francés Maurice Aymard, resaltar su reflexión sobre la construcción de la vivienda mediterránea como espacio de aislamiento del núcleo familiar respecto al mundo exterior como se aprecia en zonas como la Capadocia turca. Las pequeñas ciudades mediterráneas son concebidas como microcosmos urbanos con una arteria norte-sur o cardo y un eje este-oeste (decumano) siguiendo el modelo hipodámico en los que la vida cotidiana pivota en torno al grupo. El núcleo urbano actúa de catalizador de las actividades económicas con espacios organizados que obedecen a reglas no escritas, pero no por ello, son transgredidas.

En este sentido, el ágora o plaza mayor cobra suma importancia como foco de reunión. Con el paso del tiempo, se incorporarán pórticos y soportales que permiten protegerse de las inclemencias meteorológicas. La Plaza Mayor simboliza el prestigio de una ciudad, así como su éxito económico-político. Sin embargo, el mundo urbano arabo-musulmán dista del modelo descrito en el párrafo anterior.  En este caso, las funciones de la plaza son más difusas y se reparten por toda la ciudad con lugares destinados a hombres como la mezquita, el patio y los baños. El ámbito comercial se desarrollaba en dos planos: zocos-bazares y, en las afueras de la ciudad, las caravanas que llegaban con productos exóticos.

El espacio doméstico mediterráneo dispone de una estructura básica con habitaciones que giran en torno a un patio central en la que además del núcleo familiar convivían los esclavos, los animales y los ídolos con poderes sobrenaturales que actuaban como garantes protectores de la vivienda y los residentes en la misma. Esta esfera espiritual se incorporó a la Europa atlántica durante la etapa imperial romana y el medievo a través de la difusión del cristianismo. Con ello, también se fue incorporando la esfera social con la implantación de instituciones, leyes basadas en el Derecho Romano.

Por otra parte, el ocio desempeña un papel significativo en el contexto mediterráneo. La disposición de calles, callejones, plazas, terrazas y tabernas coadyuvan a ello. Algunos vestigios clásicos de este tipo de ocio son los juegos de cartas, las tabas y los dados que han sido representados en composiciones pictóricas como las de Cezanne.

En colación al Plan de Acción para el Mediterráneo conviene señalar que desde 1975 se acrecentó la voluntad de protegerlo de los múltiples riesgos medioambientales a causa de los agentes contaminantes. En aquel año se celebró en Barcelona una cumbre bajo los auspicios de la ONU que establecía una serie de protocolos de actuación, se aprobó un Plan de Acción cuyo mantenimiento descansa sobre la CEE (actual UE) que trabaja en la línea de protección del suelo, regulación de los recursos hídricos, normativa en torno a la urbanización de las proximidades de las líneas de costa, turismo y el empleo de fuentes de energía renovables dejando, sabiamente, a un lado las diferencias políticas.

Convienen destacar las aportaciones del filólogo italiano Giovanni Dotoli resultan muy acertadas en algunos casos. Coincido en que el Mediterráneo ha posibilitado el intercambio de conocimientos entre las tres principales culturas en  áreas como la ciencia, la medicina, la arquitectura, la economía, la política, el Derecho, la literatura y la religión, variables sin las cuales, la Historia hubiese resultado ser muy diferente. Secundo su aportación que afirma que el Mediterráneo constituye un faro de civilización para el planeta. Evidencia de ello es que resulta ser la cuna de la arqueología submarina, aunque por otra parte, no es de extrañar debido a la vasta cantidad de navíos y pecios que subyacen en el fondo de sus aguas y al impulso tecnológico que se dio en materia de radares, topografía, fotografía submarina, la introducción de submarinos, etc. tras la II Guerra Mundial. Personalmente sostengo que la arqueología es una disciplina que une e interrelaciona a las diferentes sociedades y, por ello, un instrumento al servicio de la civilización.

No obstante, existen precedentes en la cuenca mediterránea. Son sintomáticos los hallazgos en los años ‘30s del siglo XIX de una estatua broncínea de Apolo del siglo V a.C. encontrada por un pescador turco y, poco tiempo después, otros hallaron una embarcación del siglo XIII a.C. A inicios del siglo XX, destaca los descubrimientos del célebre naufragio de Mahdia frente a las costas tunecinas que permitieron recuperar obras exquisitas del arte griego, incluyendo una estatua de bronce dedicada al dios Eros. Estos restos proporcionan una información valiosa para entender el comercio, el tipo de productos, el tipo de economía, las técnicas de construcción naval, el calado de los navíos y objetos de diversa índole, generalmente, de la misma época. Ésta última propiedad y la no-intervención de agentes humanos desde que se originó la catástrofe marítima resultan ser las dos principales ventajas respecto a la Arqueología Terrestre.

En la segunda mitad del siglo XX sobresalen el hallazgo de la estatua colosal – 7 metros de longitud y 25 toneladas de peso – de la diosa Isis en las costas de la ciudad egipcia de Alejandría en 1961, el descubrimiento en 1977 de un naufragio del siglo XI en Serçe Limani, frente a las costas turcas cuya autoría se atribuye a George Bass. Las investigaciones que se realizaron en torno a esta embarcación permitieron conocer el intenso intercambio comercial entre el mundo bizantino e islámico a partir del hallazgo de ánforas para transportar vino, monedas de cobre y sellos de plomo de origen bizantino que contrastan con la conservación de monedas áureas con inscripciones árabes, vasos de cristal y pesas oficiales de vidrio islámicas.

Por último, mencionar que la popularidad con la que cuenta la arqueología submarina es producto de la modernización tecnológica con artefactos como los equipos de respiración portátiles, las escafandras, los radares, los sonares, sistemas de dirección GPS y los trajes de neopreno. Sin embargo, esta realidad no ha estado exenta de polémica debido al alzamiento de voces críticas debido que denuncian los problemas que producen aquellos aficionados que se apropian de “objetos extraños” y “recuerdos” que no permiten poner en contexto ciertos hallazgos y éstos se tienen que ser depositados en almacenes y patios de museos en función a sus dimensiones hasta que se rescaten restos que posibiliten realizar un estudio científico e interpretativo. Un segundo escollo que se presenta es la agresión medioambiental debido a la actividad humana a partir de la modernización de los puertos de ciudades mediterráneas como Alejandría, Atenas y Nápoles que han propiciado la pérdida de patrimonio. Por ello, la situación comporta la articulación de medidas urgentes además de dotar de celeridad a los trabajos de investigación, clasificación y estudio del patrimonio, el cual, en cierto modo, pertenece a toda la Humanidad.

Respecto al ensayo de la profesora de Geografía Humana en la Universidad de León, Paz Benito: Planteamientos críticos y alternativos en Geografía cabe destacar su presentación acerca de las múltiples concepciones que se tienen actualmente de la geografía. De ésta menciona su surgimiento a partir de la descripción territorial y cartográfica de la Tierra en una época donde la exploración del mundo conocido, los hallazgos y la colonización eran los tres principales niveles en los que se movía dicha disciplina. Como se puede apreciar, la noción utilitarista estaba presente desde los albores de los estudios geográficos.

Con el paso del tiempo va modernizándose incorporando técnicas cartográficas en base a la cosmovisión del universo en función de las diferentes épocas y el estudio de nuevos territorios hasta el siglo XVIII, centuria en la que alcanza una madurez significativa a partir de la adopción de un perfil enciclopédico en la descripción del mundo. Sin embargo, esta nueva perspectiva no proporcionaba la suficiente luz para disipar los numerosos interrogantes que se plantean, derivando así en lo que se denomina geografía moderna, especialidad que navega entre el positivismo y el idealismo, corrientes que constituirán los cimientos de las escuelas geográficas decimonónicas.

Adoptando el prisma metodológico, se constata un dualismo entre inducción y deducción, asociadas a la formulación ideográfica de la geografía y al planteamiento hipotético-deductivo, respectivamente. En la centuria decimonónica, la geografía entroncará con el evolucionismo a partir de la proporción de unas herramientas de análisis interpretativo ex professo comprender los mecanismos que impulsan las actuaciones humanas en el marco geográfico dando paso a dos principales corrientes: la consolidación del darwinismo social en clave de determinismo naturalista y aquella que se centra en los principios éticos entre la Naturaleza o physis y la naturaleza humana.

Por otra parte, en los preludios del siglo XX se erosionará, en cierta medida, los principios positivistas y las bases del racionalismo evolucionista a partir de un rotundo rechazo a las teorías universalistas, plegándose a los parámetros clásicos de la geografía regional, defendida por autores como Vidal de la Blanche y Hettner. Este modelo de geografía responde a la descripción de los hechos como clave prioritaria a partir del método inductivo, es decir, partir de lo específico para establecer leyes generales.

La geografía humana en este período no gozará de buena salud debido a las dificultades existentes porque, en palabras de Claval: “no consiguió articular en su conjunto un proyecto de conocimiento geográfico, epistemológicamente consistente y científicamente satisfactorio”.

A medida que avanzaba la centuria, en los años ’50 las teorías geográficas empezaron a renovarse rompiendo con toda la tradición de la dupla franco-alemana clásica e introduciendo nuevos enfoques a partir de la universalización del discurso geográfico. Las correas de transmisión de estos planteamientos renovadores son la revolución cuantitativa y la filosofía neopositivista cuyas bases teóricas se sintetizan en tres principios: una rigurosa implantación del método científico, el papel central que se le otorga a la aplicación de modelos geográficos y el empleo del lenguaje matemático.

Sin embargo, la geografía cuantitativa arrojó resultados muy escuetos puesto que pecaba de excesivo racionalismo y objetivismo, incapaz de ofrecer respuestas a interrogantes vinculados con la sociedad. Esta situación comportaba que se precisase recurrir a una geografía más comprensiva e interpretativa, dando paso a lo que se denominará como geografía crítica a inicios de los años ‘70.

Esta innovadora corriente geográfica se ramificará en múltiples vertientes como la geografía de la percepción, la geografía humanista o las que ofrecen un corte filomarxista como la geografía radical. A estas categorías, es preciso añadir a finales del siglo XX el crisol de variables: desarrollo-subdesarrollo para observar el contraste entre países avanzados y atrasados, la inclusión de términos como “globalidad” o “sistema de interrelaciones” y la adhesión de sistemas de información geográfica que permitan dotar de una mayor riqueza epistemológica y solidez científica a la investigación.

El florecimiento de la geografía radical navega entre la filosofía y las ciencias sociales. En alusión a éstas últimas, destacar la acuñación del establecimiento del nuevo orden internacional orquestado por Occidente tras el ocaso de la etapa de descolonización territorial  de los países afroasiáticos, la formación de un elenco de países denominados Países no-Alineados y el auge de teorías revolucionarias en Cuba, China y Argelia. Otra de las lecturas que se extrae desde los años sesenta es la inexistente neutralidad de la geografía puesto que, desde la geografía radical, se rechaza por principio los postulados sociales establecidos. Es preciso apuntar la influencia decisiva de la Escuela de Frankfurt como contrapunto al neopositivismo y el conservadurismo dominantes más allá del terreno socio-económico.

La geografía radical bebe de las fuentes del marxismo gracias a que se pretende construir una geografía dentro de los parámetros del materialismo dialéctico tal como señala Blaut. A pesar de la influencia alemana, el epicentro de la geografía radical se ubica en el vecino galo que contrarresta a la geografía vidaliana, de corte tradicional. Los trabajos de Yves Lacoste resultan muy reveladores para cercenar la miope visión que presentan los vidalianos en conceptos como región y ofrecer la idea del espacio como objeto social para ser interpretado.

Esta idea introduce aspectos significativos que desmontan premisas tradicionales como la presunta autonomía del espacio o variable dependiente y la percepción de contenido y significado, variable independiente. La revista francesa Hérodote fue fundada en 1976 con el objetivo de dar respuesta a los interrogantes que subyacen en torno a la crisis de la Geografía a través de alternativas como propuestas de temas de actualidad y encauzar líneas de investigación orientadas a una simbiosis entre teoría y práctica políticas.

Desplazando nuestro foco de atención a la geografía humanista señalar que sus mimbres están engarzados con el existencialismo y la filosofía idealista, corrientes que aseveran que la actividad de la mente es el origen de la existencia humana y, por extensión, del conocimiento. Este matiz carga de subjetividad a éste último. La aportación principal de la geografía humanista reside en el concepto de “lugar”, entendido como espacio central para el estudio del conocimiento geográfico. Dicho término por definición alude a un área delimitada que dispone de una estructura geográfica, social y política interna que, por su dimensión existencial, lo dota de humanidad. El término lugar se entronca con el de paisaje, concebido éste último, como lugar de experiencia – véase humana – que permite establecer que el individuo se relacione con el medio, interioridad existencial o bien, la persona no se identifique con el lugar y, en algunos casos, huya de éste; por tanto, exterioridad existencial.

A partir de las corrientes vistas anteriormente, se puede constatar la aparición de nuevas perspectivas y alternativas de estudio. Por tanto, se puede afirmar con rotundidad que la Geografía es una disciplina rica en perspectivas y tendencias al uso que, en ocasiones, cae en las redes del eclecticismo de las múltiples corrientes filosóficas vigentes. A finales del siglo pasado, los sociólogos, especialmente los estructuralistas, se interesaron por analizar el tema de las relaciones sociales, que se desarrollan en un tiempo y lugar concretos. Esta idea ha suscitado debates entre la Sociología y la Geografía de mano de intelectuales como Derek Gregory y Urry en torno a la premisa de que los que los diferentes accidentes geográficos van configurando el mapa social formando un extenso mosaico cultural.

Otra escuela geográfica a mencionar es la realista que promulga la lógica del espacio de los flujos, es decir, las identidades locales se ven superadas por la fragmentación espacial a causa de la globalización. Esta realidad se manifiesta en la vasta red de intercambios comerciales que permiten la introducción a gran escala de productos foráneos dentro de las fronteras de los Estados-nación.

La geografía de género despierta un gran interés de un importante sector de los intelectuales porque obliga a repensar las bases de la geografía a partir del papel de hombres y mujeres en una sociedad en los que existe un crisol de factores ligados a aspectos relacionados con la socioeconomía, la política y ambientales. Su origen se halla en el ámbito anglosajón – Gran Bretaña y Estados Unidos, fundamentalmente  –, data de los años 60s y sigue un perfil feminista. Posteriormente esta tendencia se exportará al resto del Viejo Continente. En España los primeros estudios sobre esta tendencia no se devolverán hasta la década de los 80s de manos de autoras como Ana Sabaté y María Dolores García Ramón.

La corriente geográfica predominante de inicios del siglo presente trata estos temas siguiendo la estela de la escuela humanista para explicar cómo el individuo en sociedad dota de significado al espacio donde desarrolla su vida cotidiana dentro de las coordenadas de la globalización en la que juegan otras cartas como la cuestión nacionalista, la geo-política y la religión.

Por último, apuntar que, en la actualidad, la Geografía goza de una saludable interdisciplinariedad. Cabe destacar que esta disciplina presenta un mayor compromiso con los problemas de la sociedad y, por extensión, del mundo a partir de las cuatro escalas clásicas: local, regional, nacional y planetaria. Con ello, no se trata de convertir a la Geografía en un mero instrumento técnico sino que puede continuar manteniendo su esencia en cuanto al estudio del territorio sin dejar de lado cuestiones atinentes a la resolución de los problemas del mundo como son la superpoblación, la sobreexplotación de los recursos naturales, el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente, las desigualdades socioeconómicas a nivel mundial y los conflictos políticos internacionales, que en definitiva, se originan en un espacio que compartimos y convivimos todos.

Álvaro Ferreiro Méndez