INTRODUCCIÓN AL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ
El enfrentamiento entre judíos sionistas con sus vecinos árabes y, en concreto, palestinos, sirios, jordanos y egipcios emana desde la creación del Estado de Israel en mayo de 1948. El balance desde entonces han sido cuatro enfrentamientos bélicos abiertos, una tensión permanente en la zona y la esperanza del pueblo palestino de recuperar los territorios perdidos, su hogar, en definitiva.
Para entender esta disputa territorial entre ambos bandos es conveniente profundizar en, al menos, siete etapas: el mandato británico y el nacimiento de Israel (1947-1948), la Primera Guerra Árabe-israelí (1948-1949), la Guerra del Canal de Suez (1956), la Guerra de los Seis Días (1967), El Yom Kippur y los Acuerdos de Camp David (1973), la cuestión palestina, la Intifada y el proceso de paz en la zona.
En primera instancia, se centrará nuestro foco de estudio en los albores de la inauguración del Estado israelí. Con la disolución del Imperio Otomano tras las I Guerra Mundial, sus territorios son divididos en mandatos y se reparten para ser administrados directamente pro las dos potencias coloniales de la época: Gran Bretaña y Francia.

Palestina, con una población situada en torno a los 600.000 habitantes, queda bajo la órbita británica. Dicho territorio será clave, puesto que los sionistas lo elegirán para formalizar lo que denominarán: un hogar nacional para el pueblo judío. Esta elección no es casual sino que obedece a los relatos bíblicos del Antiguo Testamento y, por tanto, dicha área es considerada por los judíos sionistas como su “patria ancestral” cuya capital sería Sion, es decir, Jerusalén.
La emigración de judíos a Palestina se inicia desde finales del siglo XIX con los pogromos ocasionados en Rusia, continua durante las primeras décadas del siglo XX, se acelera a raíz del ascenso de Hitler en enero de 1933, se incrementa durante la II Guerra Mundial y los años inmediatamente posteriores al final de la misma. Esta situación comporta que en 1947 haya unos 600.000 judíos de diferentes orígenes, siendo el ruso, el alemán y el polaco, los más significativos. Paralelamente, en este mismo año se estima una población árabe de 1.100.000 de individuos, aproximadamente.
La llegada de inmigrantes judíos a suelo palestino comienza a volverse insostenible debido a la fuerte tensión entre ambos grupos étnicos. Las causas radican en que los judíos desarrollan una potente mecanización de la agricultura que suscita la suspicacia de los árabes y, consecuentemente, los primeros inician una apropiación masiva de tierras cultivables. Consecuentemente, se desatan enfrentamientos armados violentos de forma recíproca, lo que coadyuva a que la ONU recomiende establecer una partición del territorio palestino en dos Estados soberanos e independientes: uno judío – véase israelí – y otro palestino, mientras que Jerusalén es requerido por ambas partes, bajo una autoridad internacional, la ONU.
El establecimiento del Estado judío en la zona de Palestina responde a los acuerdos internacionales de los países occidentales con los líderes sionistas, aludiendo a la persecución histórica del pueblo judío cuyo cénit fue la política de exterminio articulada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial o Shoah[1].
El panorama posbélico europeo está marcado por el pesimismo y la incertidumbre. En octubre de 1946 y dentro del contexto de la Guerra Fría, el presidente estadounidense demócrata Harry S. Truman apuesta por la división del territorio palestino en dos Estados soberanos e independientes. En febrero de 1947, su socio británico, el laborista Clement Attlee, anuncia que deja la cuestión de Palestina en manos de las Naciones Unidas, además de declarar que el fin del Mandato sobre territorio palestino se consumaría el 14 de mayo de 1948. La mayoría de países occidentales coincidían en el propósito de proporcionar un Estado al pueblo judío, para evitar una repetición del exterminio.
En estas circunstancias, las Naciones Unidas toman el testigo de la cuestión palestina. En mayo de 1947, se crea la Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina, a la par que la Liga Árabe se compromete, una vez más, con el colectivo palestino, advirtiendo de que si se violan los derechos de los palestinos, podrían atacar a las instituciones británicas y estadounidenses en la zona. En cambio, la comisión sionista está dispuesta a colaborar con el Comité de las Naciones Unidas.
En junio de 1947, la ONU envía a once delegados de diferentes países a Palestina. Una vez en suelo palestino, los árabes se niegan a recibirles, conscientes de que dichos delegados son pro-sionistas; los líderes judíos sí acuden a su encuentro. A finales de un agitado julio de 1947, llega a aguas de la ciudad portuaria de Haifa un barco ilegal con más de 4.000 inmigrantes judíos a bordo. La embarcación es detectada por las autoridades británicas, que la obligan a dar media vuelta y regresar al Viejo Continente.
Este suceso es titulado por la prensa pro-sionista como el Éxodo 47, logrando afianzar el apoyo de una parte importante de la opinión pública internacional a la materialización del Estado Judío. La Organización Sionista Mundial se decanta por el establecimiento de dos Estados en Palestina, contando con el apoyo de EE.UU. Por su parte, los árabes buscan un único Estado unitario de mayoría árabe.
Una vez se pone el proyecto sobre la mesa de la ONU, durante los meses de abril y mayo, las cinco principales potencias del mundo en aquel entonces – EE.UU., Unión Soviética, China, Gran Bretaña y Francia – se sientan a negociar. Se nombra una comisión de expertos para que analicen el tema y aporten la solución más adecuada. Tras la realización de informes de ambos bandos, los expertos avanzan planes diferentes. El de mayor peso cuenta con siete votos a favor; se basa en la partición de Palestina en dos Estados independientes, uno árabe y otro judío, mientras que la ciudad de Jerusalén queda bajo tutela internacional. Nuevamente los judíos lo aceptan, pero los árabes lo rehúsan.
La segunda vía, abanderada por tres miembros – Australia, India y Yugoslavia – y con la abstención del Reino Unido, se basa en la creación de un Estado binacional siguiendo un modelo federal; conocido como Plan Morrison. Esta alternativa es rechazada tanto por judíos como por árabes.
En septiembre de 1947 se celebra una nueva reunión de las Naciones Unidas. Las dos principales potencias mundiales, EE.UU. y la URSS, están de acuerdo con la partición de Palestina, mientras que Gran Bretaña se muestra reticente. Finalmente, la Comisión de la ONU decide someter a votación el establecimiento de dos Estados independientes en Palestina y la fijación del fin del mandato efectivo británico en la zona antes de agosto de 1948. Este plan de partición es expuesto ante la Asamblea General para ser votado por los países integrantes. Para su aprobación es necesario lograr, al menos, dos tercios del total de los votos a favor.

La votación se realiza el 29 de noviembre de 1947 con el resultado de 33 votos a favor, entre los que figuran Estados Unidos, la Unión Soviética, países de Europa, de América, algunos africanos – como Liberia – y también de Oceanía; 13 votos en contra, que enmarcan a países de Oriente Próximo y Asia; y 10 abstenciones, siendo la más significativa la de Gran Bretaña[2]. Si bien es cierto, que Estados Unidos se encarga de presionar a los aliados para que su línea política salga adelante.
Como es de esperar, el resultado genera diferentes reacciones entre los dos bandos opuestos. En las filas judías predomina un sentimiento de entusiasmo y alegría, puesto que regresan a su tierra cultural de origen casi 2.000 años después y pueden establecerse de forma legal en la zona, frente a la esfera árabe que se opone y está dispuesta a emplear todos los medios a su alcance para impedir el asentamiento judío en su nueva casa.
Tras la aprobación de la formación del Israel, Gran Bretaña sigue tres principios. En primera instancia, establece su retirada y fija una fecha para la conclusión de su administración en suelo palestino, el 15 de mayo de 1948. En segundo lugar, el gobierno británico afirma mantener una estricta neutralidad, lo que manifiesta que se desentendía completamente del proceso de transición del nuevo Estado. Por último, se niega a colaborar con la Comisión de las Naciones Unidas, institución subordinada a la Asamblea de las Naciones Unidas, encargada de realizar una serie de informes en materia de seguridad, política, economía, sociedad y cultural. Dicha comisión cuenta con el rechazo de la propia Gran Bretaña, así como de la esfera árabe.
El día 12 de abril de 1948, el Consejo Sionista configura dos cuerpos interconectados entre sí. El primero es un ente legislativo de carácter transitorio, formado por 73 miembros bajo el nombre de Moestzet Haam o Convención Popular. El segundo responde a la institución ejecutiva, compuesta por 13 miembros y recibe el nombre de Minhelet Haam o Ejecutivo Popular. De esta forma, el panorama político de la Convención Popular queda de la siguiente manera: catorce miembros integran el Vaad Haleumi o directiva, elegida por la población judía; once miembros del Yishuv o comunidades judías; que son representadas por la Agencia Judía y, por último, doce líderes de partidos políticos, que no han configurado los mecanismos de gobierno.
Al mes siguiente y, en concreto el día 13, el gobierno británico emite un comunicado anunciando el fin de su mandato a las 0 horas del día 15. Horas antes del día 15, Ben Gurion, jefe del gobierno provisional, proclama en la ciudad de Tel-Aviv, el establecimiento en la región de Palestina del Estado de Israel.
Ben Gurion pronuncia un discurso en el que se insta a los judíos diseminados por todo el Globo a regresar a Israel – anulando la vigencia del Libro Blanco – y que colaboren en la labor de inmigración y de desarrollo del nuevo Estado. Tanto EE.UU. como la URSS, además de otras naciones americanas y occidentales, reconocen al nuevo Estado de Israel. Finalmente el Alto Comisario británico abandona Palestina, tal como se había acordado y los Estados árabes aúnan esfuerzos contra Israel, generalizando el conflicto armado, el 15 de mayo de 1948.
En otoño de 1948, se produce un primer alto el fuego que concluye con la anexión de Palestina con las regiones de Samaria y Judea (Cisjordania), salvo la Franja de Gaza, por parte de Israel. Además ocupa la Península del Sinaí, territorio egipcio. A partir de este momento, los palestinos son desprovistos de toda señal de un Estado, pasando a ser refugiados en su propia tierra de origen y controlada por otras potencias extranjeras o bien, desplazándose a improvisados campos de refugiados en los países limítrofes.
PRIMERA GUERRA ÁRABE-ISRAELÍ
Para abordar de forma adecuada el tema de la Primera Guerra Árabe-israelí (1948-1949), es preciso tener en cuenta que hay dos guerras consecutivas en el tiempo. En primer lugar, se desata una guerra civil entre judíos y palestinos, que abarca desde noviembre de 1947 hasta la fundación del Estado judío, el día 14 de mayo del año siguiente. En segunda instancia, estalla una guerra general, es decir, hay concurso de otros países que respaldan al bando árabe, con un Estado israelí ya existente.
La guerra civil se desata en forma de desorden público en las calles, dejando multitud de heridos y muertos, como consecuencia de ataques contra las telecomunicaciones, los centros comerciales, las vías de comunicación, así como de secuestros de población israelí, entre otras cosas, con el objetivo de aislar a los asentamientos judíos más remotos. El 1 de diciembre de 1947 los árabes palestinos inician una huelga de tres días en señal de rechazo a la creación de un Estado Israelí que lo ven como un injerto extraño o un tumor a extirpar. En la primera semana del conflicto mueren más de 100 judíos[3].
Inicialmente el bando árabe presenta varios jefes militares, lo que evidencia su amplia fragmentación que se traduce en debilidad, siendo ésta bien aprovechada por los judíos. Por un lado, se encuentra el Mufti de Jerusalén, Al-Husseini, quien había colaborado con Hitler, trata de encabezar el movimiento árabe y, para ello, designa a dos jefes militares, Abdel el Kader y Hasam Salame, con el objetivo de que controlen las áreas de Judea y Ramallah, respectivamente. Por otro lado, la Liga Árabe y los países periféricos configuran el Ejército de Salvación, dirigido por los sirios Kaukazi y Shishakli. Entre las filas del ejército hebreo se contabilizan unos 3.000 hombres, dirigidos por Yigal Allon, 10.000 militares del Haganah además de miembros del Irgún, y un millar del Leji[4].
Puntualmente, los británicos intervienen como mediadores de los conflictos entre ambas comunidades para tratar de consolidar las treguas, aunque realizan concesiones a los árabes, con la mente puesta en una próxima victoria palestina que les permitiría permanecer en la zona. A inicios del año 1948, la realidad para el bando hebreo presenta unas connotaciones de gravedad, debido a que el bloque palestino logra importantes avances en la guerra, cortocircuitando las principales vías de comunicación, que enlazan Jerusalén con la costa, aislando las comunidades judías en las zonas de Galilea (al norte) y el Neguev, en la parte sur, sitiando Jerusalén con el objetivo de exponer a los judíos a la inanición. En enero de 1948, una coalición formada por la Legión Árabe de Transjordania y militares británicos, someten la región de Gush Etzion a un ataque continuo durante cuatro meses, hasta que cae definitivamente el 12 de mayo, dejando tras sí, un considerable número de víctimas civiles.
Tal como recoge Shlomo Ben Ami, los británicos llevan a cabo todo tipo de medidas, que perjudican a la comunidad judía frente a los árabes. Comienzan por el hostigamiento económico, decretando la congelación de capitales judíos que se hallan en los bancos ingleses, la obstaculización de las vías de comunicación (férreas, principalmente) y del correo postal, que deriva en atrasos y alteraciones que perjudican el funcionamiento habitual. En segunda instancia, se procede a la expropiación sistemática de material bélico judío[5]
Como respuesta a estos atentados y medidas de hostigamiento, los militares judíos, enmarcados en torno a la Haganah, organizan las milicias a partir de puestos militares regionales, con el fin de mantener bien controlado todo el territorio asignado por la ONU. Herzog señala que: “los territorios evacuados por los británicos se convirtieron automáticamente en regiones autónomas judías o árabes”[6].
En marzo de 1948, el Mandato Británico sobre Palestina, es en gran parte una ficción; el estado de guerra entre ambos bandos resultaba manifiesto. En el caso de Jerusalén, la tónica cotidiana está marcada por una relativa paz armada durante el día, pero al caer la noche se desatan violentos enfrentamientos. Destacan los combates en el barrio judío de Montefiore, ubicado en las proximidades de la Muralla, junto a la ciudad vieja, que constituye el foco más caliente de la Ciudad Santa[7].
En este contexto de guerra civil, marcado por una oleada de atentados a diario, sobresalen tres especialmente graves. En primer lugar, el ocurrido el 11 de marzo en el edificio de la Agencia Judía de la Avenida de San Jorge, debido a la explosión, de gran magnitud, del coche oficial del cónsul de Estados Unidos, conducido por un chófer árabe[8], dejando multitud de muertos.
En ese intenso mes de abril de 1948, árabes e israelíes mantienen una dura pugna por el control de Jerusalén, que se salda con el levantamiento del cerco por parte de los judíos, logrando también revertir la situación con los asentamientos judíos mencionados anteriormente. Es en este contexto de elevada tensión cuando se desarrollan las últimas semanas del Mandato británico. En los días previos a la proclamación oficial del Estado judío, la Haganah consigue levantar el cerco de ciudades como Acre, Haifa y Safed. La ONU, liderada por EE.UU. y Gran Bretaña, plantea el abandono de reparto territorial en dos Estados.
Por su parte, el bando árabe está integrado por los propios palestinos, que se articulan en torno a dos organizaciones paramilitares: la Niyada y la Fútuwa, por el aparato militar de El Mufti conocido con el nombre de Ejército de Salvación, además de los siguientes aliados: el Ejército de Transjordania, que por su proximidad geográfica a la región de Palestina lleva la iniciativa de la intervención armada; el Ejército de Egipto, que dispone del cuerpo militar más sofisticado de los países árabes; a estos dos se ha de añadir el ejército iraquí, que además de colaborar con los palestinos tenía un papel relevante en la política jordana.
Otros países circundantes como Siria y Líbano, Arabia Saudí y Yemen, tienen un rol secundario o simbólico. En total, el bando árabe cuenta en sus filas con unos 40.000 efectivos. Sin embargo, desde la óptica de M.A. Basternier, los Estados árabes combaten, en cierta medida, unos contra otros, ya que buscan asegurar su control en la zona palestina y no tanto crear un país independiente[9].
Una vez que el bando árabe invade Israel, se encuentra con una fuerte oposición. Los puntos débiles del bando judío son: la multiplicidad de frentes abiertos con líneas de comunicación donde la distinción geográfica entre ambas poblaciones, judía y palestina, es difusa y la dificultad del reparto del equipamiento militar, debido a la inicial carencia en el bando judío de armamento pesado y superioridad aérea. No obstante, este déficit cuantitativo es solventado gracias a la exquisita preparación de su Ejército, más compacto y organizado, permitiendo compensar ese déficit material.
La primera fase, de apenas un mes, se extiende desde el día 15 de mayo de 1948 – jornada posterior a la proclamación del Estado de Israel – hasta el día 11 del mes siguiente, momento de la primera tregua formalizada por las Naciones Unidas. Bernardotte busca trazar un plan de reparto de las áreas palestinas que están en juego: la región septentrional de Galilea para los judíos y la zona más meridional del desierto del Neguev, para los árabes. Además, los judíos deben abandonar las ciudades de Jerusalén y Haifa. Ambos bandos rechazan de plano las propuestas del conde; los árabes rompen la tregua, aduciendo que los judíos han violado lo establecido, al recabar pertrechos y efectivos militares.
Por su parte, los judíos reconocen haber conquistado territorios que no les corresponden según lo establecido en las Naciones Unidas, pero se escudan en el hecho de que ellos habían aceptado el Plan de Partición de las Naciones Unidas, y que el bando árabe había iniciado la guerra. Una vez que los árabes rompen la tregua, se inicia la segunda fase de la guerra, que dura poco más de una semana, comprendida entre el 9 y el 18 de julio. Los israelíes consiguen ventaja en la zona norte, obligando a retirarse a efectivos de la coalición siro-libanesa. Mientras, en el centro sigue la contienda entre el bloque judío y la Legión Árabe, con la ciudad de Jerusalén sitiada. Las fuerzas egipcias, que se habían reforzado durante la tregua, desencadenan varias batallas, mientras que los judíos consiguen articular un eje hacia el Neguev. En esta zona, los militares israelíes logran un importante avance gracias, en gran medida, a su superioridad aérea. Nuevamente, se establece una tregua por parte del Consejo de Naciones Unidas, para el día 18 de julio.
Bernadotte se implica de manera más activa para que las propuestas que se habían puesto sobre la mesa en la tregua anterior. Sin embargo, sus proyectos para la paz no salen adelante y apenas dos meses después de la declaración de la segunda tregua, el 17 de septiembre, es asesinado en Jerusalén a manos de terroristas israelíes. La acción homicida tuvo un gran impacto internacional.
El 15 de octubre de aquel virulento 1948, se reanudan las hostilidades entre israelíes y egipcios en la región de Neguev, mientras que los focos central y septentrional permanecen inactivos. En esta ocasión, los judíos inician un ataque contra el bando egipcio que les permite volver a conectar el Neguev con el resto del territorio judío y cercar a los egipcios en Faluya, obligándoles a retirarse. Entre el 22 de diciembre de 1948 y el 6 de enero del año siguiente, se abre la última y definitiva etapa de la primera guerra árabe-israelí. Las fuerzas israelíes orquestan el golpe definitivo contra los egipcios en el desierto de Neguev, además de adentrarse en la península del Sinaí. Llegan a las puertas de la localidad egipcia de El-Arish, consiguen derrotar a sus rivales y debilitarlos en posibles futuras negociaciones.
Ya a finales de la contienda, el 1 de enero de 1949, el embajador estadounidense entrega, de parte del gobierno británico, un ultimátum a Israel, por el que se advierte al gabinete israelí de que si no se retira de la península del Sinaí, el Ejército Británico tomará cartas en el asunto interviniendo a favor de Egipto y escudándose en el tratado anglo-egipcio de 1936. Israel da marcha atrás a su ataque contra El-Arish, abandonando el Sinaí y dirigiéndose hacia el desierto del Neguev para neutralizar los focos hostiles hasta el establecimiento de la tregua, de carácter definitivo, que llega cinco días más tarde.
A pesar de la aprobación de la tregua permanente, los judíos realizan un último ataque en la zona más meridional del desierto del Neguev, junto al golfo de Akaba, ya que en la resolución del Consejo de Naciones Unidas dicho territorio pertenecía a Israel, y todavía permanecían en él tropas jordanas. La operación se completa con éxito tras tomar el puerto de Eilat, en marzo de 1949. Esta acción militar se lleva a cabo en un momento diplomático especialmente propicio, pues se había firmado un armisticio con el vecino Egipto y se están entablando negociaciones con Transjordania.
Tras la retirada de las tropas israelíes del Sinaí, Egipto accede a negociar con el Estado hebreo. Las negociaciones se inician en la isla griega de Rodas, actuando como interlocutor entre ambos países el norteamericano Ralph Bunche[10], enviado por Naciones Unidas, en sustitución del asesinado Bernadotte. Ralph Bunche inicia su labor el 18 de septiembre de 1948. Al año siguiente actúa de árbitro en las negociaciones judeo-egipcias. Así, Egipto se convierte en el primer Estado árabe en negociar con Israel. Estos acuerdos de armisticio son precursores de los tratados de paz.
El primer acuerdo entre Israel y Egipto se materializa el 24 de febrero de 1949. En él se delimitan las líneas del frente militar y se acuerda que Egipto administre la Franja de Gaza, lo que deriva en que unos 100.000 palestinos se desplazaran a dicha zona. Otros aspectos que se acuerdan son la aceptación de la soberanía israelí sobre el desierto de Neguev y la fijación de la frontera entre ambos países, siguiendo la línea de demarcación. Tras este primer acuerdo histórico, otros países árabes se suman a las negociaciones con el Estado judío.
El siguiente es el Líbano, con un acuerdo de armisticio que sanciona la retirada de las tropas israelíes de dicho país, materializada el 23 de marzo de 1949. Le siguen Transjordania el 3 de abril y Siria el día 20. Para ello, Damasco debe retirar tropas de Palestina. Sin embargo, quedan países como Iraq, que se niegan a firmar un tratado de armisticio, optando por evacuar a los militares de Palestina. Respecto a Jerusalén, queda dividida en dos: una parte jordana, y otra judía.
El Consejo de las Naciones Unidas envía inspectores que comprueban la aplicación de los acuerdos, firmados por los diferentes países árabes con el gabinete israelí. Es significativo mencionar que los acuerdos de paz que están en proyecto, se prolongan durante las décadas posteriores a la situación de tensión inicial. Esto genera dos problemas inmediatos, asociados a los refugiados palestinos: acogida de palestinos en diferentes países árabes, y refugiados judíos que huyen de los diferentes países árabes para asentarse en el reciente Estado judío.

GUERRA DEL CANAL DE SUEZ (1956)
Este conflicto bélico tiene lugar desde el 29 de octubre hasta el 6 de noviembre de dicho año. Surge a raíz de la decisión del presidente socialista egipcio Nasser en nacionalizar de la Compañía Universal del Canal Marítimo del Canal de Suez. Dicha medida no agrada a las potencias que gestionan el Canal desde 1875, Gran Bretaña y Francia, por lo que la dupla anglo-francesa se alía con Israel en aras de liberar el bloqueo del Canal, desbaratando así, los planes egipcios.
Anthony Eden, primer ministro británico, sostiene que la acción de Nasser supone un riesgo alto para el suministro de crudo oriundo del Golfo Pérsico y del comercio con Extremo Oriente y espera que Estados Unidos les apoye mientras que el país galo, además de la cuestión de la nacionalización del Canal, contempla que el país del Nilo se está excediendo al proporcionar material logístico a los independentistas argelinos y, por ello, se adhiere a la alianza británica.
Sin embargo, Eisenhower se niega a solucionar el problema por la vía violenta. Esto comporta que el binomio anglo-francés oriente su periscopio hacia el archienemigo de Egipto: Israel. Para ello, mantienen una reunión secreta en la ciudad francesa de Sèvres el 22-23 de octubre y, en base a lo acordado, el 29 de octubre de 1956, Israel invade la Península del Sinaí, llega hasta el Canal de Suez y dar carta blanca a que el binomio anglo-francés lo ocupe de nuevo.
Gran Bretaña y Francia emiten un ultimátum a Nasser, éste se niega a ceder y ambas potencias del Canal de la Mancha bombardean el 31 de octubre los aeródromos egipcios. La presión internacional de las dos superpotencias de la época: Estados Unidos y la Unión Soviética obliga a las dos potencias europeas a retirarse de suelo egipcio, so pena de intervenir a favor del país norteafricano.
Un Eisenhower contrariado propone entre el 2 y el 4 de noviembre tres resoluciones que son aprobadas por la ONU por unanimidad: el alto el fuego, la retirada de las tropas israelíes de Egipto y el envío de los Cascos Azules para cerciorarse de la retirada de tropas. No obstante, Gran Bretaña y Francia hacen caso omiso a las prerrogativas que se dictaminan desde Nueva York y, entre el 4 y el 6 de noviembre, milicias de ambos países y de los tres estamentos – Tierra, Mar y Aire – realizan incursiones hacia el Canal derrotando a las fuerzas egipcias como un castillo de naipes.
Sin embargo, la coyuntura económica por la que está atravesando Londres en estos momentos no es favorable y la falta de suministro de crudo por el bloqueo de Egipto comporta que pida ayuda a su tradicional socio norteamericano, pero éste último se niega a prestársela hasta que sus tropas salgan del país del Nilo. Ante esta disyuntiva, Gran Bretaña cede y acata el alto al fuego el 6 de noviembre. Este suceso significa un golpe bajo para la Administración Eden, que deriva en su dimisión en enero de 1957.
A partir de este momento, el Canal de Suez pasa a ser competencia de los Cascos Azules de la ONU que velarán por la gestión y vigilancia del Canal, las fronteras del Sinaí y la Franja de Gaza. Esto comporta que Egipto controle el Canal en cooperación con la ONU y se adentre en una sólida alianza diplomática con la URSS.
GUERRA DE LOS SEIS DÍAS (1967)
El tercer suceso significativo es la Guerra de los Seis Días (1967). Este hecho bélico se enmarca en un contexto del incremento de la escala de violencia en el área israelí-palestina a causa de los guerrilleros palestinos o fedayines en suelo israelí. Las causas subyacentes residen en el problema del reparto del agua del río Jordán, los choques diplomáticos intestinos entre los diferentes regímenes árabes y la espiral ascendente armamentística en la zona, especialmente en Israel.
Para contar con una perspectiva más nítida del conflicto es preciso tener en cuenta que existía desde el año anterior, una alianza siro-egipcia a la que se adhiere Jordania en 1967, ex profeso, iniciar un nuevo enfrentamiento con el país judío. En la primavera de este agitado año 1967, los Casco Azules se retiran de Egipto y el 22 de mayo, el país del Nilo bloquea a Israel el acceso al Mar Rojo, sin posibilidad de negociación. Esto conlleva al cercenamiento de las rutas comerciales y del cese temporal del transporte marítimo con el que dispone Israel.
En este sentido, conviene destacar que esta medida coge de improvisto a Israel y el 5 de junio inicia la contraofensiva que desbarata las acciones del ejército egipcio. Una vez que Israel logra vencer con contundencia en el Sinaí, bascula con rapidez sus fuerzas hacia las fronteras siro-jordanas. El día 10 todos los países contendientes firman el alto el fuego propuesto por las Naciones Unidas. Por estas fechas, Israel se había anexionado los siguientes territorios: Gaza, la Península de Sinaí, Cisjordania, Jerusalén-Este y los Altos del Golán en los límites con Siria.

Sin embargo, esta vez la ONU se muestra más firme, ordena en noviembre de 1967 el abandono inmediato de los territorios ocupados por las fuerzas israelíes, declara que los territorios de cada Estado han de tener garantizados su soberanía y seguridad y pone sobre la mesa la necesidad urgente de hallar una solución viable a la cuestión de los refugiados palestinos. Por último, apuntar en este tema que ninguno de los países implicados en el conflicto respetó las medidas propuestas desde Nueva York quedando éstas en un dechado de buenas intenciones.
YOM KIPPUR Y LOS ACUERDOS DE CAMP DAVID (1973-1978)
Un cuarto fenómeno coyuntural es la cuestión del Yom Kippur y su enlace con los Acuerdos de Camp David. Los pábulos que hay detrás de este fenómeno fueron que los árabes nunca aceptaron las nuevas cláusulas de las Naciones Unidas en relación al nuevo reparto de fronteras, considerándolo una humillación. Con este caldo de cultivo, el 6 de octubre de 1973, coincidiendo con la festividad judía del Yom Kippur, las tropas nilóticas cruzan el Canal de Suez, invaden la Península del Sinaí y el ejército sirio actúa de igual manera por los Altos del Golán siguiendo la planificación del ataque simultáneo en dos flancos.
Pese a que los israelíes son sorprendidos inicialmente, sus tropas logran vencer con claridad en frontera con Siria, no así con Egipto donde la línea de fuego se mantiene en la Península del Sinaí, librando una guerra de desgaste en esta zona. En este contexto relativamente favorable al país norteafricano, el presidente Sadat lleva a cabo un proceso de negociaciones de paz con el vecino Israel en las que Estados Unidos actúa como interlocutor. Esta labor mediadora deriva en los Acuerdos de Camp David de 1978 por los que se establecen dos cláusulas de importancia capital: reconocimiento del Estado de Israel por parte de Egipto, devolución de la Península del Sinaí a Egipto por parte del Estado israelí (devolución que tendrá lugar entre 1980 y 1982). En esta reunión se trata la cuestión palestina, pero conscientemente, se opta por no efectuar un análisis pormenorizado de la situación al igual que en los casos de Cisjordania y Siria, ausentes en dicho cónclave.
De esta forma, Egipto se convertía en el primer país árabe en reconocer al Estado israelí, violando el acuerdo denominado “Triple No” de las naciones árabes por el que se prohíbe taxativamente el reconocimiento, la negociación y la firma de paz con Israel. Esta situación canaliza el aislamiento de Egipto entre las naciones árabes por considerarlo una traición de una nación hermana y, por otro lado, los países del Golfo Pérsico, principales productores y exportadores de petróleo, se decantan por castigar severamente a Occidente por su apoyo a Israel, a partir de la reducción drástica de la producción de crudo y el aumento vertiginoso del precio de éste, dando paso a un período de crisis económica en Occidente por esta escasez de suministro.
LA CUESTIÓN PALESTINA
Por último, el núcleo central de este estudio en clave geopolítica es el asunto o “problema” palestino. Esta casuística resulta ser una constante desde inicios del siglo XX y que se proyecta hasta la fecha a partir de la conciencia nacional de lucha para establecer un Estado propio soberano e independiente. Bajo esta óptica se hallan los refugiados que, en su mayoría, huyen a los países periféricos donde son estigmatizados, salvo en Jordania donde la sociedad jordana se identifica de una forma más cercana con la situación palestina, la cual, es instrumentalizada por este país para defender sus propios intereses.
En relación con las instituciones palestinas sobresale la fundación por parte de Yasser Arafat de la organización Al-Fatah en 1957. Años más tarde, en 1964, se funda en Jerusalén la Organización para la Liberación de Palestina (en adelante, OLP) que cuenta inicialmente con el respaldo de Nasser.
Ambas organizaciones discurren en paralelo y entrenan en campamentos de refugiados a contingentes armados ad hoc atacar a Israel. En 1967, en la esfera de la Guerra de los Seis Días, Arafat adquiere los mandos de la OLP con el fin de vertebrar de una forma más eficiente el movimiento palestino, desvinculándose de la tutela egipcia. La canalización se materializa con acciones violentas armadas contra Israel con el objetivo que generar un gran impacto a escala planetaria. Sin embargo, esta ligereza del estamento palestino instalado en Jordania comienza a suscitar recelos entre las autoridades del país que conduce a un enfrentamiento abierto en septiembre de 1970, también conocido como el Septiembre Negro entre el ejército jordano y el enclave palestino con victoria contundente de los primeros. Esto obliga a los palestinos a buscar un nuevo lugar de protección: el Líbano.
A principios de la década de 1970, abundarán las operaciones terroristas palestinas sobre objetivos israelíes en Europa (la más sonada quizás es la masacre de atletas israelíes en las Olimpiadas de 1972 en Múnich), comportando que Israel adopte medidas más férreas, incrementando la presión en el corredor siro-palestino-libanés con bombardeos sistemáticos a las ciudades, campos de refugiados palestinos e instalaciones de estas tres naciones. La crisis económica a causa del desabastecimiento de crudo reorienta los intereses de la opinión pública internacional, especialmente occidental, hacia Oriente Próximo. Esta coyuntura desfavorable a los intereses económicos de Occidente coadyuva a que se reconozca a la OLP como institución legítima defensora de los intereses palestinos.
En 1975, Líbano – lugar de refugio de cientos de miles de palestinos y de la OLP tras el “Septiembre Negro” – pasará a ser el escenario principal de confrontación entre Israel y las organizaciones político-militares palestinas. La Guerra del Líbano (1975-1990) enfrentará principalmente a las “falanges” cristianas libanesas (apoyadas activamente por Israel) contra las milicias palestinas. Durante el conflicto, tendrán lugar dos intervenciones del ejército israelí. La primera, en 1978, cuando ante los continuos ataques de las milicias palestinas desde el sur del país las tropas israelíes hagan retroceder a aquéllas al otro lado del río Litani (la llamada Operación Litani).
La OLP mantendrá sus posiciones en el Líbano hasta 1982, año en que se produce la segunda intervención, en la que el ejército israelí llegará hasta Beirut. Tres años más tarde, las tropas israelíes se retirarán de la Nación del Cedro dejando una “línea de seguridad” al sur con el objetivo de evitar que la OLP regrese al Líbano. Paralelamente, en estos años, la OLP presenta una acusada división interna frutos de los conflictos intestinos entre los partidarios y opositores de Arafat.

PRIMERA INTIFADA (1987)
En 1987 se origina la Primera Intifada, concepto que alude a una revuelta palestina de carácter popular en los territorios ocupados – véase Gaza y Cisjordania – iniciada por jóvenes e incluso niños que se enfrentan con piedras al ejército israelí. La contundencia y la brutalidad con la que éste actúa no dejan indiferente a la opinión internacional.
Simultáneamente, la OLP reorienta su línea de actuación y empieza a negociar con su archienemigo Israel para la materialización de un Estado palestino. El gabinete conservador israelí abanderado por Isaac Shamir, declinará dicha propuesta inicialmente. Sin embargo, la fuerte presión internacional y la llegada al gobierno del Partido Laborista Israelí liderado por Isaac Rabin, llevará a Israel a sentarse en la mesa de negociaciones como queda patente en las Conferencias de Madrid y de Oslo en 1991 y 1993, respectivamente.
Precisamente, el 13 de septiembre de este año 1993, se firma en Washington un acuerdo que presenta una relevancia trascendental. En estos acuerdos las cláusulas que se recogen responden a: la firma de la paz entre ambas entidades, el reconocimiento mutuo del Estado de Israel y de la OLP y la dotación de autonomía para las regiones de Gaza y Cisjordania (en los alrededores de Jericó), avanzadilla de un futuro Estado palestino soberano e independiente.
Bajo esta perspectiva y actuando como pábulo el eslogan: “paz por territorios”, se anuncia una progresiva retirada de las fuerzas israelíes de las áreas ocupadas en beneficio de una mayor autonomía para las mismas. Tres cuartas partes de Gaza quedan ahora administradas por la Autoridad Nacional Palestina, así como parte de Cisjordania, repartida en tres tipos de áreas: Área “A” (que engloba las grandes ciudades, bajo control palestino); Área “B” (a la que pertenecen la mayoría de pueblos palestinos, que aunque obedecen a la autoridad civil palestina, cuentan con presencia militar israelí); y el Área “C” (que continúa ocupado por tropas israelíes).

A finales de la década de 1990 estos acuerdos se verán enturbiados por la oposición de los extremistas radicales de ambos bandos que termina derivando en graves disturbios que dejan un reguero de sangre a su paso como ocurre en la masacre de la Mezquita de Hebrón en 1994 o el asesinato del Primer Ministro Laborista Isaac Rabin a manos de un judío ortodoxo al año siguiente. Hamas – Movimiento de Resistencia Islámica – ejerce la función de palanca islamista radical opuesto a los Acuerdos de Oslo y Washington, incrementará sus apoyos entre los palestinos. Por otra parte, las negociaciones del año 2000 entre el primer ministro israelí Ehud Barak y Arafat, que pretenden dotar de un estatuto definitivo a Cisjordania y Gaza, terminan fracasando: Arafat no acepta que no sea devuelta a Palestina la totalidad del Jerusalén árabe, tal y como era antes de junio de 1967.
SEGUNDA INTIFADA (2000-2005)
Ese mismo año estallará la llamada Segunda Intifada, una nueva revuelta palestina que exige el fin inmediato de la ocupación israelí de los territorios de Gaza y Cisjordania. Sin embargo, ciertos aspectos diferenciarán esta Segunda Intifada de la primera: este levantamiento contará desde el primer momento con la instigación y la participación de la Autoridad Nacional Palestina y las diferentes milicias, que aportarán armamento ligero a los rebeldes. En uno y otro lado de la frontera las posiciones se radicalizarán. Por una parte, entre los palestinos aumentará la presencia e influencia de Hamás y otros grupos islamistas que generalizan los atentados con objetivos israelíes civiles. Por otra, en Israel, tras las elecciones de 2001, llegará al ejecutivo Ariel Sharon, partidario de reprimir con dureza la insurrección palestina. Los excesos de la actuación del ejército israelí, como la expulsión de palestinos al otro lado del río Jordán o las ejecuciones extrajudiciales y la gran cantidad de víctimas colaterales de su represión (entre ellos multitud de niños) suscitará la aparición en Israel de grupos y plataformas a favor de la retirada de Cisjordania y Gaza.
En 2002 comenzará la construcción de un muro por parte de Israel (denominado por algunos de sus opositores “Muro de la Vergüenza”) que separará físicamente Cisjordania de territorio israelí. Oficialmente, el motivo de la construcción de este muro radica en evitar más atentados de grupos palestinos en suelo israelí, pero también oculta la intención de consolidar las posiciones y asentamientos israelíes en la zona.
Con el fin de avanzar hacia la pacificación de un conflicto que ya había causado miles de muertes y retomar la senda de la negociación, es presentada a ambas partes la “Hoja de Ruta”, documento que fija una serie de pasos necesarios para el fin del conflicto.
Aunque esta guía para la negociación no satisface a ninguno de los contendientes, algunos acontecimientos a partir de 2004-2005 rebajan la intensidad de los enfrentamientos palestino-israelíes (aunque los ataques y atentados continuan), en especial las disputas internas en zona palestina entre Al-Fatah y Hamas; la retirada unilateral del ejército israelí de la Franja de Gaza en 2005 (rechazando toda coordinación con la Autoridad Nacional Palestina); y la invasión por parte del mismo del Líbano un año después para combatir a Hezbollah.
SITUACIÓN EN LA ZONA (2006-2014)
La muerte de Arafat, fundador de Fatah y líder histórico de la OLP en 2004 agrava las disputas por el poder en zona palestina. Por un lado, el sucesor de Arafat al frente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas (también de Fatah), favorable al cese de las hostilidades con Israel. Por otro, Hamás, organización partidaria de continuar la lucha armada. Ésta última, declarada grupo terrorista por parte de Estados Unidos y la mayoría de países europeos, terminaría por asumir el control de la Franja de Gaza en 2007.
Así, el grueso de las hostilidades entre Israel y Palestina se trasladará a la Franja de Gaza. Israel declarara “territorio hostil” a este territorio, que queda de esta manera “cercada” y bajo restricciones especiales por parte de dicho país (permitiendo únicamente la entrada de productos básicos). Desde entonces, la catástrofe humanitaria continúa. El lanzamiento de cohetes y mortero desde la Franja de Gaza a Israel y los bombardeos israelíes sobre este territorio siguen sucediéndose, en ocasiones interrumpidos por treguas no renovadas. De gran impacto en la opinión pública internacional han sido el bombardeo israelí (Operación Plomo Fundido) de la zona entre diciembre de 2008 y enero de 2009, el incidente de la Flotilla de Gaza en mayo de 2010, la Operación Pilar Defensivo en 2012 o el reciente Conflicto entre Gaza e Israel en verano de 2014, que resultaron en más de un millar de civiles palestinos muertos.
BIBLIOGRAFÍA
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- AYAPE AMIGOT FERNANDO, MESA ROBERTO ET ALLI, Israel y su significación internacional, IEPALA, Madrid, 1985.
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- CHOMSKY, NOAM Y PAPPÉ, ILAN. Gaza en crisis, Taurus, Madrid, 2011.
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- MARTÍNEZ CARRERAS, JOSÉ U. El mundo árabe e Israel, Istmo, Madrid, 1991.
- SIBONY, DANIEL. Oriente Próximo: Psicoanálisis de un conflicto, Paidós, Barcelona, 2004.
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[1] Término hebreo que significa literalmente: “catástrofe”, alude al exterminio de los judíos por parte de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La primera medida que adoptaron los nazis fue la segregación civil, moral y política. Posteriormente procedieron a la expoliación económica con las reclusiones en guetos y, finalmente, tras la invasión de la URSS, Hitler optó por la “solución final” o destrucción física del pueblo judío desde enero de 1942. Ver: ARÓSTEGUI SÁNCHEZ, J., GARCÍA SEBASTIÁN, M. et alli, Historia del mundo contemporáneo, Vicens Vives, Barcelona, 2008, pág. 210.
[2] Ver: MARTÍNEZ CARRERAS, J. U. El mundo árabe e Israel, pág. 101.
[3] Ver: BEN AMI ZVI MEDIN, S. Historia del Estado de Israel, pág. 75.
[4] Acrónimo de: «Lojamei Jerut Israel» o Luchadores por la Libertad de Israel. Grupo armado sionista, fundado por Abraham Stern, que operó entre 1940-1948. Su objetivo era expulsar a los británicos de Palestina para favorecer la entrada de inmigrantes judíos de diferentes partes del mundo y consolidar el Estado judío. Se separaron del Irgún porque éstos decidieron en 1940 no atacar a los británicos en plena II Guerra Mundial. Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Leji (consultado el 12/04/2016).
[5] Ver: BEN AMI ZVI MEDIN, S. Historia del Estado de Israel, pág. 78.
[6] Ver: MARTÍNEZ CARRERAS, J.U. El mundo árabe e Israel, pág. 107.
[7] Ver: DE AZCÁRATE, P. Misión en Palestina. Nacimiento del Estado de Israel, pág.23.
[8] Ver: DE AZCÁRATE, P. Misión en Palestina. Nacimiento del Estado de Israel, pág. 24.
[9] Ver: BASTERNIER M. A. Israel-Palestina. La casa de la guerra, pág. 62.
[10] Diplomático, sociólogo y politólogo estadounidense (Detroit, 1904 – Nueva York, 1971). Ver: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bunche.htm (consultado el 17/05/2016; web sobre biografías).

